Pues digo agora que, como entre todas las suertes de vivir de los hombres casados, tenga el más alto y perfecto grado de seguridad y bien la labranza, y sea, como está concluído, la medida ella y la regla que han de seguir, y el dechado que han de imitar, y el blanco donde han de mirar, y a quien se han de hacer vecinas cuanto pudieren las demás suertes, no convenía en ninguna manera que el Espíritu Sancto, que pretende poner aquí una que sea como perfecto dechado de las casadas, pusiese, o una mercadera, ... (ver texto completo)