BARAKALDO (Vizcaya)


Vistas de la Darsena de Portu
BARACALDO: anteigl. en la prov. de Vizcaya (2 leg. á Bilbao), dióc. de Calahorra (30), part. jud. de Valmaseda (4) y ayunt. de su nombre; SIT. en un llano cercado por los r. Ibaizaba, ó Nerva, Cadagua y Riotuerto; su CLIMA es húmedo, pero bastante sano; compuesta de unas 363 CASAS dispersas, formando grupos y cas. aislados con nombres especíales, conforme á la sit. que ocupan: tiene 1 escuela para niños y niñas, muy concurrida. La igl. parr. (San Vicente) está servida por 2 beneficiados de ración entera que ejercen las funciones de párroco, y otros 2 medios racioneros, todos perpetuos y de patronato particular, en que tenian participación el marqués de Valmediano y los Sres. Castaños, Salazar y Mazarredo y Echevarri, cuyos herederos lo vienen ejerciendo; la casa de Castaños percibía 2 sestas partes del diezmo y una sesta cada uno de los otros partícipes, habiendo sacado antes del acervo común 40 ducados para la fáb.; habia un conv. de mercenarios calzados que fundaron en 1284 Fernán Pérez, conde de Ayala, y su hijo Tero López, y aun existen muy deterioradas, sus 6 ermitas, la de San Antolin, en Iraurqui, que fué parr. desde principio del siglo XVI hasta 1732; San Roque, la Concepción, San Bartolomé, Sta. Lucia y Sta. Águeda, distribuidas entre los cas. que hemos indicado. El TÉRM. Confina por N. con la anteigl. de Erandio y Valle de Somorostro, interpuesto el brazo de mar donde desagua el Nerva; por E. con el indicado r., por S. con Gueñes y Abando, y por O. con Galdames. El TERRENO de mediana calidad en la parte cultivable, especialmente el destinado á huerta y arboleda frutal: los CAMINOS locales, asi como los que se dirigen á Portugalete, Bilbao y Valmaseda, se encuentran en buen estado: el CORREO lo recibe por la cap. de prov. y en la estafeta de Portugalete; PROD.: cereales, legumbres, buenas hortalizas y frutas; cria algún ganado; tiene varios molinos harineros y su principal IND. es la ferrera, si bien no existen hoy con la brillantez que antes sus ant. terrerías; concurren estos naturales con sus frutos y hortalizas al abasto de Bilbao y Portugalete, en cuyos puntos se proveen de los art. de primera necesidad; POBL.: conforme á los datos oficiales 367 vec, 1,585 alm.; RIQUEZA y CONTR. (V. GUIPÚZCOA INTENDENCIA). Bajo el régimen foral se gobernaba esta anteigl. por 2 fieles regidores de elección anual, y sus apoderados disfrutaban el 33.° voto y asiento en las juntas generales de Guernica.
* Diccionario Geográfico – Estadístico - Histórico de España. Pascual Madoz, 1848.
BARACALDO, CUANTA MEMORIA ENTERRADA.
Emigrantes Castellanos fundidos entre metales,
hombres con gestos humanos y costumbres muy normales.

Abandonaron su tierra para buscar nueva vida,
y en su memoria se encierra el llanto en la despedida.

Cuantos recuerdos borrados al terminarse su vida,
cuantos nombres olvidados en su ruta tan perdida.

Entre los hornos gigantes con el peligro a su vera
hay recuerdos delirantes que se mueren sin espera.

Los silencios confundidos sin saber que determinan,
viendo los sueños vencidos mientras todos se eliminan.

Baracaldo de emociones con palabras entendidas,
lugar que deja pasiones entre luces encendidas.

El Puente de Simón Drogas es un camino a la Ría,
el ayer tuvo sus sogas en alguna noche fría.

El Barrio de San Vicente donde yo pase algún día,
hoy le tengo muy presente y recuerdo su armonía.

Cuantas fechas hay grabadas, cuantos sueños hoy sin vida,
muchas sendas marginadas no tuvieron ruta erguida.

Baracaldo de testigo siempre ayudando a su gente,
aliviaron el castigo en aquel sufrido ambiente.

Hoy que pasaron las fechas de aquellos duros momentos,
llegan las muertes derechas dejando los sufrimientos.

No podemos olvidarnos de muchos nombres de muertos,
que llegaron a cuidarnos y aun les sentimos despiertos.

Baracaldo de posada para muchos inmigrantes,
que tienen su tumba anclada entre sudores constantes.

Sin olvidar el pasado ni buscar nuevas leyendas,
Baracaldo es elogiado por ser bonitas sus sendas.

Hay hombres que dejan huellas por donde quiera que pasan,
haciendo sus rutas bellas entre sueños que traspasan.
G X Cantalapiedra. 23 - 5 – 2020.
BARACALDO POSADA Y ESPERANZA
Fueron años de inmigrantes
de lugares diferentes,
donde en los duros instantes
pudieron vivir sus gentes.

La esperanza de bandera
buscando siempre trabajo,
su sueño de primavera
era lograr un destajo.

Baracaldo fue posada
de sufridos castellanos,
gente sufrida y marcada
por caciques inhumanos.

Baracaldo de ilusiones
que trazaron sus salarios,
dando nuevas soluciones
a los penosos calvarios.

Sonaba con mucha fuerza
el nombre de Baracaldo,
y su fama se refuerza
al ver las cuentas con saldo.

Gentes de todos lugares
trazaron caminos nuevos,
donde se abrieron hogares
en aquellos duros tiempos.

Un abrazo a Baracaldo
por ser camino y posada,
tierra que dejó salario
entre la gente emigrada.

Sin borrar penalidades
en aquella tierra Vasca,
hoy se ven las realidades
que se hablaron en la tasca.

Baracaldo de pasiones
entre muchos inmigrantes,
fue tierra de condiciones
de castellanos hablantes.
G X Cantalapiedra.
7 - 9 – 2019.
EN TIERRAS DE VASCONGADAS
Cuando los vientos se sienten
que pueden marcar tu tiempo,
en la mente se presienten
las campanas de algún templo.

En tierras de Vascongadas
hay que tenerlo presente,
las frases más recordadas
son las que guarda tu mente.

Inmigrantes castellanos
trabajadores altivos,
siempre mirando sus manos
y respetando adjetivos.

La vida se va marchando,
ella tiene sus motivos,
de ver que se fue luchando
incluso siendo festivos.

Vascongadas es la tierra
donde sin lujos vivimos,
el tiempo aquí nos entierra
y sin pensarlo morimos.

No vale pedir silencios
en los tiempos que sufrimos,
nadie busca los desprecios,
la muerte nos marca abismos.

Cuando llegue la mañana
de firmar el compromiso,
nuestra firma nunca vana
debe entender el aviso.

De nada valen razones,
si los motivos son fijos,
no busquemos emociones
aunque nos lloran los hijos.

Sin campanas de tristeza
que anulan las manos frías,
la muerte deja tibieza
sobre los penosos días.
G X Cantalapiedra.
hola chirla? como teva despues de tantos anos? YO BIEN UN ABRAZO,,,,
me gustaria saber alguna noticia de un viejo amigo FELIX JESUS TAMAYO CUESTA yo soy rosa mari desde francia muchos besos y esperado saber algo de ti.
BARAKALDO EN LA MEMORIA
Baracaldo no te olvido,
y es difícil olvidarte,
mi corazón deprimido
a veces quiere besarte.

Siento la voz del destino
con sus muchos inmigrantes,
que aquí se abrieron camino
en los penosos instantes,

Hornos llenos de recuerdos,
vidas que fueron quemando,
hombres que fueron tan cuerdos
que hoy se siguen acordando.

Baracaldo de destino
desde lugares extraños,
sin existir adivino
se salvaron ciertos años.

Inmigrantes castellanos
que lucharon con nobleza,
tuvieron callos sus manos
eliminando torpeza.

Vidas llenas de lamentos
entre sueños deprimidos,
momentos de sufrimientos
con los amores perdidos.

Baracaldo fue testigo
de sencillas esperanzas,
gentes sufriendo castigo
sin poder vivir templanzas.

Baracaldo dando vida
a personas desterradas,
algunas con cierta herida
de sus tierras marginadas.

Los años se van pasando
dejando detrás sus huellas,
hoy debemos ir contando
las cosas que fueron bellas.
G X Cantalapiedra.
PENSAMIENTOS DESGARRADOS
Viven buscando verdades
entre negras tentaciones,
quizá logren sus maldades
con raras explicaciones.

Pensamientos desgarrados
sobre la vida y la muerte,
seres que están olvidados
sobrados de mala suerte.

Sin hablar con la conciencia
ni pensar en soluciones,
abrazan toda su ciencia
buscando complicaciones.

Con instintos belicosos
viven llenos de amarguras,
y se notan temblorosos
cuando respiran locuras.

Sin sentir el compromiso
de una sociedad humana,
las leyes les dan aviso
al ver su conciencia vana.

Desgarrados sin familia
que puedan marcar sus pasos,
la delincuencia les lía
para conseguir fracasos.

Engañados sin razones
viven tristes profecías,
y sueltan sus maldiciones
en los más penosos días.

Entre brisas turbulentas
llenas de negros presagios,
sus mentes trabajan lentas
al ver tristes sus espacios.

Desgarrados de la vida
que no temen a la muerte,
hoy ven su ruta perdida
y ya nada les divierte.
G X Cantalapiedra.
RECORDANDO MIS ANDADAS
POR TIERRAS DE VASCONGADAS.
Entre grandes caseríos
y sus costas admiradas,
conocí sus bellos ríos
que son rías encantadas.

Puertos que marcan distancias
cómo testigos del tiempo,
plazas que dan elegancias
y ermitas que dan aliento.

El Cantábrico con fuerza
hace sus costas temidas,
parece que hasta se esfuerza
en ver sus olas erguidas.

Vascongadas de pasiones
que encierran mil maravillas,
olas que dan emociones
a muchas gentes sencillas.

Recorriendo sus paisajes
el tiempo se va volando,
no es tierra de vasallajes
mientras se puede ir soñando.

Caminos que guardan verde
en sus sendas montañosas,
donde la vista se pierde
entre sus brisas gozosas.

Las rías de Vascongadas
tienen barcos de leyenda,
sus riberas son marcadas
por cierto ambiente de senda.

Desde Begoña mirando
a todo su bello entorno,
mientras vivo recordando
que quiero hacer un retorno.

Esta tierra de acogida
que marca su diferencia,
hoy me parece elegida
viviendo su complacencia.
G X Cantalapiedra.
AQUELLOS DÍAS TAN FRÍOS, LE DECIDIERON EL MARCHARSE
En aquellos días heladores, del mes de enero, de 1950, en la Castilla Profunda, aquel joven trabajaba, recogiendo sarmientos en los viñedos, para poder ayudar económicamente a sus abuelos. Tenía 15, años recién cumplidos, y sin pensarlo demasiado, aquel domingo de finales de mes, al amanecer el día, con sus manos llenas de grietas, y con muy poco dinero, se decidió irse hasta Medina del Campo, para allí, poder subir al tren, que le llevaría hasta la región de Vascongadas, Un amigo del joven, que ese domingo tenía que ir, hasta el mercado de ganado, le llevo en su carro de mulas, y le dejo cerca de la estación de ferrocarril. Donde enseguida trato de comprar un billete de viajero, para poder vivir su aventura de inmigrante. No le fue nada fácil su camino, en aquellos vagones de tercera clase, donde su maleta de madera y su resto de equipaje en una bolsa de tela, trataba de no perderlas de vista. Sus abuelos entendían de sobra su actitud, y no le impidieron que iniciara ese camino hacia otra nueva vida. Sin apenas haber salido de aquella villa de Valladolid, Todo el recorrido le parecía distinto a su lugar de origen, y pudo en el tren, tener una conversación, con un joven de aproximadamente su edad, que hablando con él, le dijo que conocía muy bien el lugar, donde el joven pensaba encontrar trabajo. Ya que Baracaldo en aquellos años, era un continuo camino de personas, que intentaban salir de su tierra, para poder encontrar un trabajo, más remunerado que en otros lugares agrícolas, donde el paro tenía meses que eran de pasar calamidades. Aquella información, le sirvió para poder llegar hasta Baracaldo, sin tener que preguntar a nadie su destino, al llegar a Bilbao, alguien le indico el camino a seguir, y en poco tiempo se encontraba en la Plaza de Los Fueros, donde intento poder ver algún paisano suyo, que le pudiera indicar o ayudar, a buscar trabajo y donde poder pasar la noche, cosa que no era demasiado difícil aquellos años, pregunto en varios establecimientos, sí precisaban jóvenes para trabajar de camareros, hasta que en la calle de Juan de Garay, le ofrecieron trabajo y cama, en el mismo local en su trastienda, un camastro le serviría para poder descansar y salir adelante. Aquella noche el chirimiri, caía sin dejar ni un momento, y su ropa un poco calada, tuvo que intentar secarla, pero sus pensamientos, eran muy optimistas, pensando que su vida cambiaria, en poco tiempo. Y parece que no se debió equivocar, aquel hombre dueño del bar, había sido un inmigrante de la Rioja, y trato de ayudarle al joven, para que se formara en la vida, y a la vez aprendiera el oficio de camarero y cocinero, como así sucedió, los años siguientes, fueron para aquel joven, un camino de rosas, ya que pudo ahorrar algunas pesetas, y poder ayudar a sus abuelos, que se quedaron en su villa, con el siempre dolor, de la falta de su nieto, que apenas pudo conocer a sus padres. Todo aquel cumulo de desgracias, al joven le hacían sentirse mal, cuando recordaba su infancia, que apenas pudo ir a la escuela, ya que desde los diez años de edad, había trabajado de zagal, con las ovejas en el campo, y sin poder escolarizarse, ya que la falta de dinero en su familia, le llevo a ser un niño esclavo del trabajo. Y sin medios para poder vestir decentemente, y eso al joven le dolía en el alma, tuvo que aprender a defenderse en cuentas y escritura, para poder expresarse libremente, cosa que en Baracaldo lo logro, con aquel hombre que le ayudo a su llegada, y que después de muchos años, este joven le quería cómo sí hubiera sido su padre, ya que a sus padres no tuvo la suerte de conocerles, Vascongadas fue para siempre en su vida, la tierra prometida, el lugar donde se hizo un hombre con dignidad, y el lugar donde un día cualquiera, descansaran sus huesos, que es lo que él desea, por voluntad propia. G X Cantalapiedra.
AQUEL INMIGRANTE QUE VINO A POR SU FAMILIA,
Era el año de 1952, aquel hombre castellano, inmigrado a la región de Vascongadas, quería reiniciar una nueva vida, y hacia tan solo cuatro meses de su marcha, de aquel lugar, donde el trabajo escaseaba, y estaba muy poco pagado. Más deseaba volver a su villa, para poder traerse a la tierra Vasca, a su esposa e hijos de corta edad, desde la Profunda Castilla. Eran días próximos a la Navidad, y allí en su villa natal, tenía sus padres y hermanos, que celebraron toda la familia las fiestas, en un ambiente cordial, y a la vez de despedida, Fueron brindis con vino de la tierra, pidiendo al futuro suerte y salud, y el resto de hermanos, tratando de unirse en aquellos momentos, donde la vida resultaba difícil, en aquella zona agrícola, Los buenos deseos, fueron las mejores palabras de aquellas fechas, y el día 27, de diciembre, con los colchones acuestas, y poco más equipaje, un carro tirado por dos asnos, (burros), se dirigían a la estación de ferrocarril de Medina del Campo, donde el tren rápido de aquellos años, les trasladarían hasta Bilbao, luego desde allí se dirigirían a Baracaldo, lugar donde el hombre aquel había alquilado media casa, con el llamado derecho a cocina, y que le serviría, para salir adelante, sin pasar muchas calamidades. Todas aquellas jornadas, eran casi repetidas, se marchaba el marido o novio, y sin pasar demasiado tiempo, volvía para llevarse a su esposa e hijos, o sí era novia casarse con ella, para iniciar una nueva vida, Aquella villa castellana, que llego a tener cinco mil habitantes, en los finales del siglo XIX, se quedaba con su población mermada, los negocios desaparecían, y las fraguas, panaderías, boterías, cuberos, carpinterías y otros negocios de autónomos, cómo bares y ventas de cacharrería, se cerraban a menudo, y aquel lugar parecía estar sentenciado, a ser un poco desierto. Las personas que entonces vivieron, aquella dramática emigración a diferentes destinos, se daban cuenta de la situación, y mucho más al ver que las autoridades, de entonces, no trataban de aminorar los daños, incluso dieron malos informes, de personas que lo único que hicieron en su villa, fue trabajar cómo burros, para poder ganarse el pan de cada día, luego hubo años que faltaba la mano de obra, que con el tiempo fue cubierta por gentes venidas de Rumania, que incluso no vivían en esa villa, pero fueron mano de obra, para plantar los hermosos viñedos, que son el orgullo de esa comarca, que estuvo aquellos años a punto de pasar casi al olvido, Baracaldo, Sestao, Santurce, Somorrostro, y el propio Bilbao, fueron lugares donde aquellos hombres, con sus familias, se acomodaron. Quizá años más tarde algunos de ellos, o sus descendientes tomaron otros caminos de inmigración o emigración, Recuerdo la primera vez que pise Baracaldo, hace ahora, 50, años, estando en la Plaza de Los Fueros, me encontré con paisanos míos, que algunos de ellos, jamás le volví a ver, y desde que se marcharon de mí tierra, nunca regresaron a ella, unos por haberse sentido mal, y otros por no volver a ver a ciertos personajillos, que no les caían bien, aquel viaje recorrí muchos lugares, donde sus nombres les había escuchado en mí villa, Hospital de Cruces, el Puente Colgante de Sestao, El Gasolino del Nervión, Las minas de Ortuella al aire libre, La Iglesia de Begoña, en aquella ladera, donde se divisa parte de la ciudad de Bilbao. El andar por aquellos lugares, cómo Sondica, Plencía, incluso Guernica, me hicieron sentir todas aquellas palabras, que muchos de mis paisanos, me habían dicho en tierras de Valladolid, y al pisar sobre la tierra vasca, me encontré con gentes de mí villa, y su forma de vivir alejados de nuestra tierra. Aunque algunos de ellos, se notaba su amor hacia la tierra que les vio nacer.
G X Cantalapiedra.
AQUELLA NOCHE DE MISTERIOS DE 1954.
Aquella noche de septiembre de 1954, las sombras parecían que corrían y avanzaban, sobre aquella carretera de la provincia de Valladolid. Un hombre con su maleta acuestas, se dirigía hacia la estación de ferrocarril, donde en pocas horas, pensaba subir en el tren, que le llevaría a Bilbao. Eran aproximadamente las dos de la madrugada, aquel tren, que él tenía pensado hacer el viaje, saldría de aquella estación a las cuatro de la madrugada, y aunque su salida de la villa donde nació y vivió hasta aquel día, era de ocho kilómetros, precisaría cómo dos horas para recorrer dicho camino, todo parecía normal, hasta que cierto ruido le sobresalto, miro hacia el cielo, y de pronto una nave misteriosa, le pasaba por encima de su cabeza, cómo a unos cuatros metros de altura, su miedo fue atroz, pensó tirarse al suelo, y tratar de esconderse en un viñedo, que bordeaba la carretera de tierra y cantos, pero le parecía que aquello no era real ni normal, con su maleta sobre el hombro, trato de caminar, sin perder de vista aquel objeto, que para él, era completamente desconocido, le faltaban unos cinco kilómetros para llegar a dicha estación, más sus piernas le temblaban de miedo, su cuerpo sentía cómo sudor y a la vez escalofríos. Era la noche de su marcha, su caminata con la maleta acuestas, y en ella metida su poca ropa, y algún recuerdo, el joven de momento veía correr sombras por las fincas que habían sido rastrojos, los viñedos aún por vendimiar, eran cómo saltos de luces intermitentes de colores, y el joven temblando se quería envalentonar, pensando en lo que le tocaría pasar en tierras vascas, en aquella inmigración forzosa, ya que su trabajo era nulo, y la única solución posible, era marcharse a Baracaldo, donde tenía algún familiar próximo, que le ayudaría a salir adelante, las pisadas que el joven iba dando, parecían ser cómo repetidas sobre el ambiente nocturno, de aquella noche más bien estrellada, cada metro que avanzaba, le parecía un milagro, sobre aquella carretera de tierra y cantos, no se movía ni un alma, o por lo menos eso parecía cuando miraba alrededor, y tan solo en la lejanía sentía los ecos de unas ovejas balando, en algún corral de teleras de verano, y los ladridos de algún perro, de pastor cuidándolas. De pronto la nave parece que dio la vuelta, y el joven sin pensarlo demasiado, se metió dentro de un viñedo, que estaba al lado de la carretera, el temblor de su cuerpo, le hacía sudar, y algún escalofrío le pasaba por su mente. Pero no hizo ni un movimiento, ante tal situación, la nave paso por encima del joven a la misma distancia que la primera vez, pero está vez ya dándose cuenta, que no era nada de este mundo, sí no un objeto extraterrestre. No le dio por probar ni una uva de aquel viñedo, tan solo cuando la nave se encontraba, cómo a unos dos kilómetros se levanto, del suelo, y empezó una carrera en dirección a la estación, con la sombra que su cuerpo daba sobre el suelo, en aquella noche de luna clara. Aquel joven acostumbrado a madrugar, y trasnochar, aquello le parecía un misterio grande, sus ojos parecían llorar, y las fuerzas le flaqueaban, pero sus prisas por llegar a subir en dicho tren, le dieron en aquel momento, un paso hacia adelante, ya que con tan solo diez minutos de adelanto, pudo subir al tren, para iniciar esa nueva vida, en tierras de Vascongadas, y así poder guardar en su memoria, aquella noche de la despedida, donde los misterios se quedaron atrás. G X Cantalapiedra…
LAS BRISAS DE BARACALDO
Aquel joven recordando
los lugares de su infancia,
fue paso a paso trazando
muchos signos de arrogancia.

Cruzo caminos y montes
y anduvo por tierra extraña,
conociendo los resortes
de algunos sitios de España.

Habló de brisas marinas
entre nieblas y esperanzas,
y supo de mil colinas
bailando ruidosas danzas.

Baracaldo fue su cuna
entre brisas enmarcadas,
donde miraba la luna
en las noches angustiadas.

Caminó buscando rutas
sin comentar alboradas,
hubo dudas absolutas
en sus noches angustiadas.

Emigrante sin destino
entre brisas recordadas,
aunque quiso hilar muy fino
pisó sendas marginadas.

Baracaldo con su ría
en su memoria llevaba,
y en alguna noche fría
a su brisa recordaba.

Hay veces donde el destino
te juega malas pasadas,
y la cruz del desatino
deja tus huellas borradas.

Esa brisa permanente
que lleva dentro del alma,
son visiones que a la mente
pueden llenarla de calma.
G X Cantalapiedra.
Escrita en Hoyo de Manzanares,
AQUEL JOVEN SOÑABA CON VASCONGADAS
Aquel joven de quince años, soñaba con Vascongadas, le habían hablado de sus minas de hierro, y de sus altos Hornos, en la Ribera del Nervión, y sin pensarlo demasiado, comento a sus padres, estoy dispuesto a marcharme para allí, para poder empezar una nueva vida. Aquellas palabras en el hogar donde vivía, sonaban a la dura inmigración, que algunos llamaban emigración, de los años 1950, donde muchas personas de las zonas rurales, las abandonaban, para poder iniciar una vida en las ciudades, o pueblos grandes industrializados. Todo parecía lo más normal, en aquellos lugares donde el paro, era la noticia diaria, y las economías se veían arruinadas. Sin dudarlo demasiado, en aquellos días un pariente no muy lejano del joven, había venido a su lugar de nacimiento, para recoger papeles de sus hijos, nacidos en aquel lugar de la Castilla Profunda. El joven aquel, enseguida cogió su maleta de madera, y con su familiar inicio el camino de las Vascongadas, el tren tardaría en los cerca de trescientos kilómetros, unas seis horas largas, pero al final llegó a Bilbao, y desde allí en un autobús se dirigió a Baracaldo, donde tenía a un amigo de su niñez, con el que se escribía, y este amigo, le dio alojamiento en su propio domicilio. No tardo mucho tiempo en encontrar trabajo, a pesar de sus quince años, ya que entro a trabajar de camarero en una cafetería, en el centro de esa población, que entonces era un continuo, lugar de inmigrantes de todas partes, que llegaban buscando una vida mejor, que la que habían vivido en sus lugares de origen. Baracaldo era una población, cómo dirían algunas personas, con derecho a cocina, ya que eran muchos los pisos que se alquilaban por habitaciones, y su Plaza de Los Fueros, el lugar de encuentro de muchos de aquellos recién venidos. Yo mismo tuve la suerte de estar allí, con mis paisanos, y saber cómo discurría la vida, entre aquellos hornos donde el fuego se veía por sus chimeneas, eran los años de 1968, cuando conocí todo el contorno, de aquel lugar, con sus fundiciones, y su hierba que sí no llovía en pocos días, el polvo de las fabricas la ponía de color gris. Así y todo tuve la suerte de recorrer la mayoría de los pueblos de la provincia de Vizcaya, y acercarme hasta Tolosa de Guipúzcoa, visitando San Sebastián. Pero volviendo aquel joven, su vida en el entorno de Baracaldo, fue de poder subir económicamente, ya que montó su propio negocio, y fue uno de los inmigrantes con mayor suerte, sus padres con el tiempo, se marcharon a vivir en esas tierras, donde jamás de jóvenes habían pensado terminar sus días, y que allí descansan, cerca del Barrio de San Vicente, en el cementerio de Baracaldo. Lugar donde muchos paisanos míos, tienen su última morada, y lugar de residencia en su futuro. Descansen en paz todos los que tuvieron que alejarse de su tierra, para poder sentirse útiles a la sociedad, y tener una economía más saludable, y a veces sin olvidarse nunca de sus raíces, que aún que tuvieran que decir adiós a su tierra llorando, tenían recuerdos de su niñez e infancia, que los guardaban en su memoria, sin olvidarse de ellos. Aquellos terribles años, de escasez de alimentos, y muchas veces de la economía, pasando apuros de todas clases, para poder seguir adelante, y muchas familias que tuvieron que mal vender su ganado, y propiedades, para salir a buscar una nueva vida, en donde el trabajo entonces parecía estar mejor pagado. Muchas familias de la Profunda Castilla, tienen sus recuerdos en mente, sin poder olvidar aquellas fechas, que marcaron a muchas personas. Un saludo desde Madrid,
G X Cantalapiedra.
AQUELLOS AÑOS DE 1950,
Corrían en Castilla la Vieja, aires de emigración y tristeza, en aquellos malos años, donde la agricultura, era tan solo un medio de subsistencia, para muchas familias campesinas. El dinero que lograban sacar de sus cosechas, apenas les daba para poder vivir con dignidad, y los obreros sin otros ingresos, que los de su salario, se quedaban para tan solo poder comer malamente. Llegaron noticias, de que en Las Vascongadas, se precisaba mano de obra, y pronto la emigración crecía, sin apenas las gentes de aquella época, se parasen a pensar en tan radical viaje, que fue el pan de cada día, ya que las personas que allí se marcharon, fueron tirando de sus familiares y amigos, para poder progresar, y ser un poco más libres. Aquellos terribles años, hicieron que el amor a la tierra, en algunos casos desapareciera, y con razones suficientes en otras, maldijeran sus raíces castellanas, ya que en muchos casos, cuando entraban a trabajar, en lugares importantes, y pedían referencias de sus comportamientos, los caciques de entonces de sus localidades, casi siempre daban malos informes, de todos los humanos que tuvieron que elegir ese camino. No es extraño, que algunos emigrantes, no quisieran volver a pisar su tierra, y terminaron su vida, en aquellas tierras del Norte de España, sin querer saber más de sus antepasados, a los que en algunos casos, trasladaron a finalizar sus últimos días, lejos de su lugar de nacimiento. Mi propio padre, tuvo la maleta preparada, en aquellas fechas, año de 1953, para irse a vivir a Baracaldo, lugar donde tenía a su hermano y sobrinos, además de el mejor amigo de su juventud, con el que le unía una amistad, de toda la vida. Aún recuerdo a mí abuelo materno, con su capa negra castellana, cuando llego a la casa de mis padres, para tratar de impedir, que mis padres y todos mis hermanos, acabáramos viviendo, en aquel pueblo grande de Vizcaya, Sus palabras fueron rotundas, sus pensamientos eran cómo leyes que teníamos que respetar, Mis padres tenían medio apalabrado, la venta del carro, burros y fincas, para con ese dinero, poder comprar una vivienda en aquel lugar, donde los emigrantes de mí tierra, habían marcado su paso por dichas tierras, digamos, que durante la republica, hubo una joven que llego a ser la secretaria de la juventud socialista de Baracaldo, y que termino sus días en Bélgica, donde marchó allí con niños expatriados de Vascongadas, ella se llamaba, Esther Cantalapiedra. Digamos que Baracaldo, tuvo en algunos momentos, más paisanos míos, que habitantes quedaron en mí villa, las iniciativas de poder ser una persona más preparada y poder dar a los hijos, muchos más estudios de los que ellos habían recibido, era otra de las metas con las que soñaron muchos emigrantes. Quizá suene mal lo de emigrante, pero entonces no se usaba la palabra inmigrante, eran tiempos donde Juanito Valderrama, se le escuchaba en radio, cantar esa canción que algunas personas les hizo llorar. Hoy que han pasado muchos años, hay personas mayores que siguen llamándose emigrantes, y siguen recordando a sus hijos y nietos, muchas de las razones, por las que tuvieron que marcharse, sin esperar ni un minuto más, hace un mes, falleció un amigo mío en esa tierra Vasca, Maxi, me enteré tarde, sí no hubiera ido, a darle mí despedida, ya que cómo muchas personas de su entorno, eligieron el poder descansar en esa tierra, donde muchos castellanos, reiniciaron su vida, para poder ser más personas, y sentir los problemas de aquella época, donde se conocía la miseria, en muchos hogares de la Castilla Profunda. Que tuvieron una digna oportunidad de mejorar, y a la vez de hacer realidad el futuro de sus hijos, dándoles estudios, para sentir la cultura que ellos no pudieron tener. G X Cantalapiedra. 25 – 4 - 2017.
ERAN AÑOS DE SILENCIOS Y DESPRECIOS
En aquellos años de 1950, los silencios eran muchas veces, la única solución de salir hacia delante, en muchos lugares de la España agrícola, los sueldos eran muy bajos, y el paro, era la moneda corriente de aquella etapa, donde los parados jamás cobraban nada de dinero, para su subsistencia. Hubo pueblos que perdieron la mayoría de sus habitantes, y provincias como Soria, donde la despoblación, se notaba cada día, siendo una de las zonas que más emigrantes salieron, a buscarse una nueva vida, llegando a perder cerca de la mitad de su población. El gobierno de Franco, nos hablaba por la radio Nacional, con sus partes de noticias, comunicándonos que éramos, la reserva espiritual de Europa. Día a día las noticias siempre eran alentadoras, pero la realidad en la clase trabajadora, era muy distinta, la emigración, hacia los países europeos, se hacía cada vez con más personas, y dentro de la Península, las zonas agrícolas, se quedaban con menos mano de obra, que marchaban a las zonas que entonces se industrializaban, y donde los sueldos eran bastante mejor, que en los campos de agricultura. Todos aquellos años, fueron de maletas de madera, que ocupaban los trenes españoles, que por cierto, la mayoría de las veces, siempre llevaban retraso. Las dos Castillas fueron de los lugares, donde muchas personas trabajadoras, sin muchos medios, tuvieron que hacer su maleta, y sin pararse a pensar, salir de sus pueblos o aldeas, para poder conocer la dignidad, de ser seres humanos, ya que en algunos lugares, la palabra de algunos obreros agrícolas, era llamar amo, al patrón que les daba empleo, pero que la crisis y los precios, de los cereales de entonces, terminaron con el trabajo, ya que la maquinaria se imponía, sobre los brazos de los jornaleros, y el futuro era desalentador, para muchos jóvenes trabajadores, que iniciaron su largo recorrido, hacia distintas regiones, como Vascongadas, Cataluña, Madrid, y ciudades como Alicante, Valencia, Valladolid y Zaragoza. Llegando a ser una parte muy importante de dichas ciudades y regiones, donde con el paso del tiempo, los matrimonios se veían emparentados, de distintas comarcas y poblaciones, aunque sus formas de vida, eran a veces un poco diferentes, y hubo oficios y negocios, en algunas ciudades, que se vieron ocupados por las personas de esas zonas de España. Ciudades como Madrid, donde las pescaderías eran la mayoría personas de la zona de León, Los taxis de Madrid, eran muchos de personas de Zamora, lo mismo que muchos restaurantes. Todas las ciudades que recibieron emigrantes, tuvieron que conocer algunas peculiaridades, que con el paso de los años, quizá mejoraron el entendimiento, entre las gentes de aquellos años duros, y trabajados a fondo, Las vacaciones eran muy cortas, y la economía muy deficiente. Apenas se visitaban las playas, y otros lugares de diversiones, y la segunda vivienda, apenas se conocía, de no ser, las casas abandonadas de los emigrantes, que algunas de ellas, al estar desocupadas, terminaban por hundirse, al ser viviendas de poca resistencia, como son los adobes y tapiales, y las lluvias se encargaban, de hacer que su ruina fuera inminente. Toda aquella época, hoy día, parece como olvidada, tan solo los nietos y demás familiares, en sus fiestas, suelen sacar a colación, de donde eran los abuelos y bisabuelos, y se dan cuenta algunos, de la cantidad de cruces familiares, que les dieron aquellos años, de emigración forzosa,
y que de alguna forma, hizo que mucha gente, que apenas había salido de su pueblo, conocieran otras formas de vida, con otros trabajos que ellos no conocían, y algunos pudieron ver el mar, que solo habían oído hablar de sus olas, aunque algún emigrante termino enrolado, en barcos mercantes, dando la vuelta al mundo. G X Cantalapiedra.