OYON: Aquí tenemos la biografía de Cesar Borgia, y hace muchos...

CESAR BORGIA, LA VIDA INMORAL Y DE ENTEGA A VICIOS Y PLACERES 2º

Cesar Borgia combinaba dos pasiones, el hedor de los campos de batalla con las intrigas dentro de su red de allegados. Asi, una de las audacias de César Borgia fue cuando, lujosamente ataviado y a lomos de un fogoso corcel, ordenó a la guardia que sacaran a la plaza a un número determinado de prisioneros de guerra y delincuentes comunes, sin distinción de sexo ni edad. Una vez atados a unos postes, el caballero arremetió contra ellos, disparando su arcabuz sobre unos, atravesando con la espada a otros o, a los que aún no habían muerto, los aplastó con los cascos de su cabalgadura. En realidad, sin negarle el ser un gran capitán utilizaba la guerra en su propio beneficio.

Con respecto al campo de las intrigas, César colaboró con su hermana Lucrecia, no se sabe si de buen grado o forzadamente, a la que casó y descasó según sus intereses de cada momento. Por último, era tan avaro y ambicioso de las riquezas ajenas que no dudó en tender una emboscada en Sinigaglia a sus colaboradores, haciendo ahorcar a todos sus generales, de manera que quedó como beneficiario único del botín que poseían los defenestrados.

Con un ritmo de vida tan intenso como el que tenía Cesar, no podía dedicarse a tantas cuestiones él solo, por eso siempre tuvo un colaborador a su lado, Miguel Comella, que funcionará durante toda su vida como el brazo ejecutor de todos los crímenes atribuidos a su señor. Comella era valenciano, César lo había traído de tierras levantinas españolas y rápidamente se había puesto a su disposición. De esta manera, además de conjuntas correrías por mancebías y palacios, el criado y su señor no tuvieron escrúpulos en mancharse las manos de sangre cuantas veces fueran necesarias.

Cesar Borgia era un capitán, que cuando no estaba en guerra se transformaba en un príncipe totalmente entregado al lujo y lo fastuoso, de tal manera que tenia un gran sentido estético para las puestas en escena. En este sentido, le gustaba organizar grandes espectáculos para su propia exaltación, haciendo dispendios inimaginables como los efectuados con la excusa de su viaje a Francia. Así, ingresaron a Francia a través del puerto de Marsella, de la cual partió la comitiva de Borgia y como muestra del boato irresistible de que se hacía rodear el hijo del Papa, llegó a herrar todos los caballos de su cabalgata con herraduras de plata maciza, eso sí, apenas sujetas por un clavo que posibilitaba su pronto desprendimiento con el doble resultado de, por un lado, deslumbrar literalmente a todos con aquella extravagancia, y después, al desprenderse las argénteas herraduras, contentar a la plebe, que se empujaba para adueñarse de una de aquellas piezas. Era, sin duda, una forma sibilina de ganarse a gran parte de la población.

Como repetidas veces se expresó a lo largo de este apartado, César Borgia no paró un instante, pasando de las batallas bélicas a las diplomáticas y, también, a las que tenían como campo de batalla las alcobas y como contrincantes, a las mujeres. Efectivamente fue un hombre de guerra, sin embargo, se sentía a gusto entre artistas e intelectuales. De hecho, en algunas de sus correrías fue acompañado por nombres tan preclaros como Miguel Ángel Buonarrotti, Leonardo da Vinci, Nicolás Maquiavelo o el gigante español García de Paredes. Vitalista e incansable, en sus raros ratos de ocio se ocupaba de su pasatiempo preferido: el alanceamiento de reses bravas.

Incluso, organizaba suntuosas y extraordinarias corridas de toros, como la que se produjo en ocasión del enlace de su hermana con Alfonso de Aragón. Ese día, ante una masa vociferante (público de 10.000 personas reunidas en el parque romano de Monseñor Ascanio), Cesar alanceó a caballo, durante cinco horas a ocho toros.

Sin embargo, cuando su padre, el papa Alejandro VI, abandonó el mundo de los vivos, a César se le acabaron muchas de sus prebendas, siendo desterrado por el nuevo pontífice Julio II. Su vida peligró cuando su padre y él se envenenaron, situación de la cual Alejandro VI no pudo escapar. El papa Alejandro fue envenenado con un vino letal servido en un banquete ofrecido al padre y al hijo juntos en el palacio del cardenal Adriano de Cometo. Tras la comida, ambos se sintieron muy mal, y el Sumo Pontífice falleció tras dolorosa y larga agonía.

César logró sobrevivir, debido a que inmediatamente se metió en un barreño de agua helada, de tal forma que sufrió una extraordinaria reacción, tras la que mandó abrir en canal una mula viva en la que se introdujo hasta que se sintió mejor. Antidotos bastante extraños pero que lo salvaron de la muerte. No obstantes, otras versiones señalan que la malaria fue la causa de ambos fallecimientos. En el caso de César, puede que algo tuviera que ver también la sífilis. Durante su febril existencia, César Borgia se lanzó a unas guerras caprichosas: cercando Florencia, conquistando la Romaña o amenazando con su presencia otros lugares estratégicos en la geopolítica del momento, hasta tal punto, que obligaron al Gran Capitán (Gonzalo de Córdoba) a apresarlo y librarse de tan engorroso enemigo.

Aunque capturado en varias batallas, por ejemplo, en España fue encerrado sucesivamente en los castillos de Chinchilla y de la Mota, de ambas situaciones logró escapar. Sin embargo, sus enemigos lo encontraron y se procedió a ejecutarlo. Ocurrió en el camino entre Viana y Pamplona, junto a las murallas de esta última ciudad. César recibió hasta 23 heridas en su cuerpo. Su muerte se produjo el 12 de julio del año 1507, a la temprana edad de 31 años.

Triste fue el destino de aquel guerrero que había deseado —y conseguido con creces— no pasar inadvertido en todos y cada uno de sus pasos por la vida. César Borgia murió oscuramente a manos de unos soldados que parecieron desconocer el valor del guerrero al que le arrebatan la existencia. Así, Garcés, un soldado modesto perteneciente a las fuerzas del conde de Lerín, le dio muerte. Contradiciendo toda su vida cargada de lujo y fastuosidad, sus funerales y su entierro fueron modestos. Con cierta ironía su tumba en Viana de Navarra reza una inscripción, probablemente apócrifa para algunos: «Aquí yace en poca tierra el que toda le tenía, y el que la paz y la guerra, en la palma de su mano tenía».

Aquí tenemos la biografía de Cesar Borgia, y hace muchos años leí un libro que trataba de la vida de ese señor, y como veis en las ultimas lineas de la 2ª parte, pone que esta enterrado en Viana Navarra, y a los foreros por que seguro que no lo saben al menos los de fuera de nuestro pueblo, les diré que ese pueblo esta a 9 km de Oyon y de los de Oyon quien no ha estado en la Iglesia de Viana alguna vez en la Iglesia de la Plaza, pues cerca de la puerta en el suelo hay una lapida que esa es la tumba de este señor, y en ese libro que os digo que leí cuando era pequeño ponía que lo enterraron allí para que todos lo pisaran cuando entraban en la Iglesia, así que fijaros que pieza seria el pájaro,