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CESAR BORGIA LA VIDA INMORAL Y DE ENTREGA A VICIOS Y PLACERES 1º

Tercer hijo natural de Rodrigo Borgia (más conocido por el nombre de Alejandro VI, Papa) y de una dama romana llamada Rosa Vanozza. Nació hacia 1457; murió frente al castillo de Viana el 12 de marzo de 1507, o en 1513 según otros. Poco es lo que se sabe del primer período de su vida.

César Borgia fue el tercer hijo natural de Rodrigo Borgia (el Papa Alejandro VI) y de Juana Catanei (llamada Vanozza). Nacido hacia 1457; no hay acuerdos respecto al año de su muerte, algunos estiman que murió en el castillo de Viana de 1507 y otros en 1513. Gozó de la estima de su padre, compartiendo un vinculo mas o menos fraternal con otros cinco hermanos, producto del romance de su padre con Vanozza Catanei, mujer con la cual convivió el Pontífice durante un cuarto de siglo.

Por ser hijo de un pontífice, César no podía presumir provenir de una buena familia. Como toda su familia era de origen español, al localizarse en Italia cambiaron la pronunciación del apellido Borja por Borgia. Lamentablemente, César será recordado como el príncipe sin escrúpulos, aquella figura que inspiró a Maquiavelo para escribir su célebre tratado y por su pertenencia a una familia frívola y amoral para la cual no contaban los principios elementales. En César se conjugan cómodamente la generosidad, la valentía y la inteligencia junto a la perfidia y el asesinato. Años más tarde, el florentino Maquiavelo llamaría, precisamente, «sublime perfidia», a la fría y calculadora actitud política del hijo de Alejandro VI. Sin embargo, César vivió poco pero intensamente, alternando su incansable actividad entre Marte y Eros, utilizando en ambas especialidades todas las armas a su alcance, incluidas —y sobre todo— las de la traición y el crimen.

Cesar incursionó por el cardenalato, lugar reservado por su padre para él (durante muchos años sería conocido como el cardenal de Valencia), sin embargo, abandono este cargo para casarse con Carlota, la hija de la reina de Navarra, Juana de Albret.

Tras pasar brevemente por el cardenalato para el que, en principio estaba destinado por su padre (durante muchos años sería conocido como el cardenal de Valencia), abandonó esta dignidad eclesiástica para casarse con Carlota, la hija de la reina de Navarra, Juana de Albret. Por otra parte, el rey de Francia Luis XII lo beneficio con una pensión de 20.000 ducados, además de otorgarle el titulo de duque de Valentinois, por el cual sería conocido, desde entonces, como el Valentino. César, coleccionista de dignidades, será vicario de las tierras que conquistaba por las armas, magistrado supremo y capitán general de la Iglesia Católica.

César era una mezcla ambigua de maldades y cualidades, sensible a todo tipo de idolatría, sobretodo la que provenía de su pueblo. En este sentido, en ocasión de su regreso a Roma como triunfador de una trifulca política y bélica, la ciudad festejó sus triunfos durante varios días con fiestas y espectáculos en los que el propio César participó activamente. Además, sentía auténtica pasión por los toros. Y este apartado de los festejos eran los más cuidados y mejor organizados por el hijo de Rodrigo Borja, que podía dedicarse a torear y matar hasta siete toros para él sólo en la plaza de San Pedro César convertida en un circo romano.

Su hermano Juan, el primogénito de Alejandro VI, apareció flotando en las aguas del río Tíber, se estima que su muerte se debió a que su mayorazgo representaba un obstáculo para los planes de César. Por otro lado, algunos interpretan la muerte de Juan como fruto de riñas amoroso-familiares entre el occiso y César, que se disputaban el amor de su hermana Lucrecia. César volvió a rozar el incesto con sus amores dirigidos hacia Sancha de Aragón, hermana de Alfonso, esposo de su hermana Lucrecia, y esposa a su vez de Jofré, hermano de él mismo y de Lucrecia. Sin embargo, estos pedidos eran practicas comunes para el Cardenal de Valencia: a él se debieron las muertes de un navarro llamado Juan de Armenteros (para otros historiadores, Juan Petit), debido a que, hasta sus oídos habían llegado ridículos chismes sobre el desgraciado, cotilleos de cortesanos y poco más, aunque suficientes para que sus sicarios lo apuñalaran. Otra víctima sería un camarero del Papa llamado Troche, quien huyó hacia España al conocer su condena, César envió gente a su servicio que le aseguraron al fugitivo que si regresaba a Roma no le ocurriría nada. Troche confiado, cuando entraba en Roma, fue empujado por los soldados de César hasta las celdas de San Ángelo, donde permaneció preso durante un tiempo hasta que, condenado en firme, recibió la muerte por garrote.