UJUE: Ujué es como una torre hecha en la playa, y en cada...

Ujué es como una torre hecha en la playa, y en cada estribación, según vamos subiendo a la punta, hay casas que van rodeando en círculo el camino tortuoso que llega a la cima. Pero al pie de la torre no hay mar, ni campos verdes o ríos cantarines. Ujué es ocre, impresionante, un pueblo nacido de la tierra y construido con manos de sacrificio. A finales de la Edad Media el pueblo estuvo a punto de despoblarse totalmente. Vivir era difícil, pero los reyes no querían que el pueblo desapareciera, y mientras los agricultores, dueños de un terreno pobre, pedían a sus señores que disminuyeran los impuestos, la población se fue manteniendo austera y apretandose unos a otros, como sus casas, para seguir manteniendo la iglesia de Santa María de Ujué, que quiso quedarse en este pueblo.

Ujué quiere decir paloma y fue una paloma quien mostró el camino que llevaba a la imagen de la Virgen. Cuentan que un pastor, buscando un lugar donde encontrar comida para sus ovejas en el árido paraje, se fijó en una paloma que entraba y salía repetidas veces de un agujero que había en un risco. Le tiró su bastón para espantarla, pero la paloma insistía en su entrada y salida por la oquedad del peñasco. Cansado el pastor de seguir mirando el revoloteo de la paloma, trepó por la peña y entró en la cueva y allí encontró una imagen de la Virgen con la paloma a sus pies. En esta peña hoy se levanta la iglesia de Nuestra Señora de Ujué. La imagen tiene una cara muy guapa, ojos rasgados con mirada profunda y labios finos. Es del siglo XII y parece que fue escondida en la cueva para evitar algún saqueo. Carlos II de Navarra mandó que la chaparan en plata y le añadió escudos esmaltados y medallones.

En el siglo XIV la iglesia de Ujué cambió su primitivo aspecto para convertirse en un templo gótico por deseo del rey Carlos II. Sus proyectos para Ujué eran grandiosos, quería hacer una gran basílica, una universidad y un hospital para atender a los peregrinos. La iglesia está inspirada en edificios franceses. En la policromía original está el escudo de la casa de Evreux. Los capiteles están decorados con motivos vegetales, animales y escenas bíblicas. Llama la atención que uno de los pasajes escogidos por el artista sea Dalila cortando los cabellos a Sansón. Hay un coro gótico con sillería rococó y pinturas murales góticas.

La portada principal tiene diez arquivoltas y numerosas esculturas. Las ménsulas representan animales, escenas de la vida de Jesús, una curiosa Ultima Cena con un gallo y en lo alto una estrella con los tres magos sonrientes y un cuarto personaje vestido de clérigo que es el rey Carlos II. La portada norte tiene cinco arquivoltas y en las esculturas hay escenas de vendimia, diablos y figuras eróticas. El conjunto del templo con sus torres almenadas parece más una fortaleza. Las ménsulas que sostienen los nervios de la bóveda tienen unas curiosas escenas circenses. Unidas al santuario quedan las habitaciones de la residencia real de Carlos II y una sala grande que pudo ser su proyectada universidad.

Parece que Carlos II tenía una fijación especial con Ujué. Su cuerpo fue embalsamado por el judío Samuel Trigo, que le extrajo el corazón y los intestinos. El cuerpo está sepultado en la catedral de Pamplona, las entrañas en Roncesvalles y el corazón se guarda en el ábside principal de Ujué por deseo del propio rey, en una urna de vidrio. Sus últimas voluntades se cumplieron con este macabro ritual.

La romería de Ujué se celebra, desde el siglo XIV, el domingo siguiente al 25 de abril. Los romeros visten túnicas negras con caperuzo y llevan pesadas cruces. Las procesiones vienen de distintos pueblos y se unen en la llamada Cruz del Saludo. Cuando se encuentran los romeros suenan las campanas, los sacerdotes se inercambian las capas pluviales y los alcaldes de Ujué y Tafalla las varas de mando. Luego llegan juntos hasta la iglesia para saludar a la Virgen y después empieza la fiesta más popular con música y comida campestre. Hay otra romería más tétrica, nocturna, que se celebra desde el siglo XVII; es la de la Hermandad de Esclavos de Nuestra Señora. Van con sayal negro y un farol.

La devoción de los reyes a Ujué parece que la iniciaron los reyes navarros de la casa de Evreux, que peregrinaban desde el palacio de Olite. Carlos II acudía para pedir la victoria contra las tropas francesas. De Carlos III y su esposa, con sus tres infantes, se sabe que peregrinaron a pie y durmieron en una tienda de campaña. Doña Blanca tenía entonces diez años, pero quiso repetir la romería a pie cada año. Como su salud era muy delicada, en alguna ocasión la tuvieron que llevar en andas hasta Ujué. Cuando murió la amortajaron con los vestidos de su coronación pero, antes de enterrarla -como ella había pedido-, su ropa se empleó para confeccionar vestimentas para la iglesia de Ujué. El príncipe Carlos, que amaba tiernamente a su madre, acudía muchas veces al santuario mariano para pedir por ella. Al volver al castillo le llevaba «sanjaimetas», dulces de Ujué. También son famosas actualmente las almendras garrapiñadas.

Todo el conjunto de Ujué es Monumento Nacional. En lo alto de Ujué hay un mirador desde donde se ven Tafalla, Olite, la Ribera y el Moncayo por un lado, y por el otro los picos del Ani, la Mesa de los Tres Reyes y las cumbres de los Pirineos aragoneses.