Al borde del acantilado sentado, observo las Mirandas como hace más de cuarenta años hacía antes de abandonar definitivamente Ares, como si nada cambiara todo sigue en el lugar, diferentes emociones ya que por aquel entonces como si fuera una obsesión fijaba la mirada para retratar la imagen en la mente y así al discurrir del tiempo poder rememorar a través de ella todo el recorrido de lo que hasta aquel entonces había sido mi vida, el escenario me parecía el más sugerente por eso elegí el lugar ... (ver texto completo)