La expresión “el quinto
pino” tiene su origen allá a mediados del siglo XIX y en
Madrid, que por aquel entonces era una ciudad muy grande, pero sin llegar al descomunal tamaño actual.
Parece ser que entonces, en el
Paseo del Prado, que era en aquella época la
calle más larga de la ciudad, había plantados cinco
pinos, separados a buena distancia unos de otros. La gente utilizaba aquellos
árboles para citarse, y quedaba a una hora o a otra en el primer pino, en el segundo, o en el tercero, igual
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