Se cuenta que hace ya muchos años –fecha desconocida- estaba un cabrerillo guardando sus
cabras en la
sierra cuando empezó a
llover. El muchacho entonces se
refugió en una pequeña
cueva que tenía cerca y, al entrar, halló una
Cruz. La cogió y asustado se dirigió a la
casa parroquial y se la entregó al cura para que la llevara a la
Iglesia.
El cura la colocó en el
altar mayor y, cual no sería su sorpresa, que al día siguiente, cuando fue a decir la misa, ya no se encontraba la Cruz donde la dejó
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