UNA DEHESA EN EL CAMINO
Màs allà de Salorino y de Membrio, hacia Poniente -no hay que preguntar,- siguen pasando encinares, robledos y alcornocales. Me imagino a caballo, como en los viajes clàsicos, jornadas enteras caminando sin salir de una sola encomienda; es decir, de una sola propiedad. Viales de altura por entre un ocèano de tierra roja en donde flota la arboleda, interminable, infinita... Como esta idea del infinito en la cinta de una carretera es dificil de soportar, distraerè la monotonia
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Es cierto FALCO, bonito relato y que se habrá repetido en muchas ocasiones.
También recuerdo en los años 70, ver aparecer dos siluetas a
caballo a lo lejos, y el perro guardián del cortijo con su peculiar ladrido, con esto ya sabían los moradores del cortijo de quien se trataba, y éstos arrimaban el café a las brasas de la lumbre.
Pasado un rato llegaba la Pareja a donde los caseros y con el agradecimiento de la visita se les agasajaba con un café portugués y una copina de aguardiente, que bien
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