Me lo dijo mas de una vez mi
amigo Zacarias sin apenas levantar la cabeza, y sus palabras llevaban el ritmo contundente de los azadonazos que con precisión de cirujano iban abriendo la esponjosa tierra del extremo de la
huerta donde había plantado las patatas.
-“No entenderé nunca a los de la ciudad”, repetía tan machacón como su trabajo, inaudito para un hombre con más de 70 años.
- ¿Qué no entiendes, Zacarias
-“Lo de los chalés esos que han construido en el
pueblo, todos bien apretados,
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