Buenos días corazón! pero a donde quieres ir tu! si no puedes ni con los papeles de un casamiento; primero cuídate, y luego ya se verá si puedes ir saltando las tapias de los monasterios. Cuídate que tienes que dirigir el Transiberiano, que aunque no visite las lejanas tierras rusas, seguro que es muy interesante. Te mando otro saco lleno, junto con un beso.
Ayer, CORAZONA, me quedé un tanto absorto en la meditación, al leerte sobre el “Peso de los papales del casamiento”. No sé, me quedé así como pasmado. Me dices: <<Si tú no puedes ni con los papeles de un casamiento>> He de entender que lo dices en sentido estricto, no figurado- metafórico- Por tanto, esos papeles deben de pesar poco. Sin embargo, para muchas personas- entre las que puedo incluirme- son los papeles que más han pesado, pesan y pesarán (Tiene tela la cosa) Ahora, Corazona, escribo en sentido figurado…pero real. ¡Ojalá, hubiese sido tan fuerte como para poder con los papeles del casamiento! El caso, Corazona, es que, cuando necesito fuerza física y no la tengo, casi siempre encuentro un alma caritativa que me ayuda. Sin embargo, para poder con los papeles del casamiento, he encontrado pocas ayudas. Quizás, porque no hay ayudas para ayudar a levantar lo que el “ius variandi” (Derecho a variar) del imperio de la ley no permite.
Esos papeles, son como una especie de condena a cadena perpetua. ¡La madre que parió a quienes inventaron esos papeles!… que debieron ser los romanos. Pero, ellos, que eran muy listos, se reservaron el derecho de romperlos simplemente devolviéndole a la parte contraria la llamada “dote”. Claro que, en aquellos tiempos, la parte contraria era la que todos sabemos (La contraria de la que es ahora) Es verdad, también, que Maquiavelo (s. XVI) también perpetuó el axioma: “Los contratos sirven para firmarlos y para no cumplirlos”. Pero, este denostado personaje residía en el siglo de la sociedad Patriarcal, no en la ginecocracia actual. Así que…no me enrollo más. Besos y saludos. PC
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