(...) La rutina del día a día seguía en la nave. Se atracaba en islas y
puertos, hablaban con unos y con otros, vamos la monotonía de siempre, pero en el ambiente se respiraba, se mascaba algo más que pura tranquilidad. Los subordinados estaban inquietos, los mandos ya no tenían esa arrogancia de semanas, meses atrás. Seguramente empezaban a ser conscientes de la
tormenta que irremediablemente se acercaba.
Ese día apareció en el
cielo grisáceo un extraño pájaro, todos lo vieron, mandos y tripulación
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