Al acercarme a la mesa volví a saber del señor Damián que se estaba tomando algo en la misma barra de ese
bar. Lo observé desde mi mesa y, por no comprometerle, esta vez no me acerqué a él. Ya se echaba la hora de
comer y decidimos retornar al Cerro.
Tras comer un frugal menú de
verano, muy bajo de calorías, y abundante ensalada; nuestras mujeres se retiraron a tomar una
siesta y nosotros (“El Baila” y un servidor) nos lanzamos a la aventura sobre el vehículo de tracción a las cuatro ruedas. Nos
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