RAICES (PRIMERA PARTE)
Cuando me suscribieron mis padres en el colegio Hilarión Eslava allá por los años en los que, todas las provincias de España padecían de movimientos migratorios, mis hermanos mayores daban la cara ante unos navarros que nos llamaban gitanos y andaluces. Más duro lo tuve yo en clase aquellos años que, cada dos por tres, debía pelearme con algún que otro navarro de estos que me aguardaban a la salida de clase o, en otros lides, me acechaban frente a mi casa en un terraplén
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Suscribo estos pormenores, no han dejado por menos dibujar en mi rostro una sonrisa.
Yo emigré acompañando a mis padres en el año 56 al principado de
Asturias, donde residí siete años; siempre en barriadas populosas, siempre a la menor, a pedradas. Lo mejor, los años de
escuela primaria, pero no faltaba los insultos a los venidos de fuera por los indígenas (asturianos de pura cepa), el que me quedó gravado para siempre fue el de “coreano”, supongo que por la guerra de Corea que allí se libraba y
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