[…] un tiempo, que se complementaba con la venta de papeletas cosidas con hilo con la repetida consigna “No premiado. Siga jugando”. Había gente más avezada que te decían, que a los proveedores de las papeletas le entregaban dos bolsas; una con los premios y otra sin ellos. Alguna vez, después de “recorrerlos” en pandilla y ver en la pizarra o cartel habías o estaban los mejores premios sin salir; alguien se le ocurría la brillante idea de comprar todos entre todos, los boletos que quedaban en la ... (ver texto completo)