A esa jente que emigraron, que vaciaron los
pueblos
que se sintieron extraños, que se sintieron ajenos
que amontonaron sus cosas, en cuatro palmos de suelo
en cinturones de hambre, de los
barrios perifericos
los que secaron sus ojos, en horizontes de hierro
donde nunca se ve el sol, donde no canta el vencejo ni anida la golondrina
solo muros de hormigon solo
paisajes de acero
Esos hombres que marcharon, son ahora forasteros
en las ciudades que viven y aun en sus propios pueblos..... quedar
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