Quien sea jabeño, esté donde esté, recordará a la Bruna como un trío agradable: ella, su laúd y su marido Joaquín. Esta mujer nació para alegrar la vida a los demás, alegrándosela ella misma, y -como un encaje milagroso- vino a casarse con un hombre (Joaquín) que hizo del sentido del humor el eje de su existencia, de tal suerte que junto a sus tres hijos (Antoñita, Bartolo y Joaquín) formaron una familia que nunca pudo contabililizar un enemigo, tal era su simpatía y grandeza. Con un pelín de memoria, ... (ver texto completo)