Bueno, pues como dije antes que seguiría con mi historia, pues prosigo. Después de saltar todos de los árboles, excepto el mudo que lo pillaron con las manos es la masa, cada uno salió corriendo para un lado. Cuando un segundo dueño de las manzanas corría tras de mí y de otro, que lo llamábamos los amigos Juan cojones, con perdón de la palabra, salimos corriendo con dirección al cementerio y al ver que ya nos pillaba, entramos en el cementero cuando ya no se veía un comino. Entramos los dos dentro ... (ver texto completo)