Crueles
Todos los días pasaba por una
casa un repartidor de periódicos, el cual siempre que entraba al
patio delantero a dejar el periódico, encontraba a un niño que lo esperaba, y con la mano y el dedo apuntándole, le hacía:
¡Pum, pum, pum! Simulando disparos contra el repartidor.
Esto era cosa de todos los días, todos los días. Pero un día el repartidor dijo:
Ah no, hoy le voy a seguir el
juego, porque ya me tiene cansado que todos los días me dispare, aunque sea de mentiras.
Entonces,
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