Habían caído cuatro gotas y el
valle estaba espléndido, las yerbas frescas y jugosas incitaban a su degustación y, los diferentes rebaños, piaras y manadas, guiadas por sus rabadanes, pastores, porqueros y mayorales entraban en él a saco.
En un corrillo, los rabadanes discutían acaloradamente, pretendiendo cada uno dar a su partida los mejores pastos; y, en otro formado por porqueros, la misma discusión y afán.
Los rebaños, se alimentaban con fruición sabiendo, que el berrear les haría perder
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