No hay noche sin insomnio para la dama de los camelos, aquella master del universo que templó la cítara para pedir pan justo ahora que le llueven chuzos de punta en casa... Y la dama no entró en el motín de abordo y le metieron con calzador y ya nadie le quiso en las reuniones de padres y su caché bajo enteros y su cotización búrsatil apenas rozaba los enteros suficientes para adquirir una corbata a su orangután predilecto... Ese que entre cerveza y cerveza la habló de otros mundos y otros sabores. ... (ver texto completo)