Cuando hace cuatro años empaquetaba relojes en una fábrica de Londres, María Galera no imaginaba que su propia vida estaba a punto de retroceder varios siglos en el tiempo: los que median entre una joven española emigrada a la capital británica en busca de trabajo y una sin papeles atrapada en uno de los peores lugares del mundo para ser mujer. Tampoco podía figurarse que entre sus ojos y la realidad cotidiana iba a extenderse a partir de ese momento una verja de tela que convertiría el paisaje en ... (ver texto completo)