Cómo me pone ese hombre bajito, pero con el cuello muy estirado y sacando pecho, con andares garbosos, tipo John Waine, y pisando fuerte, sabedor de que nadie puede ignorar su imponente presencia. Sobretodo cuando le asoma el tupido vello por la estudiadamente desabotonada camisa y, por qué no, también por las aletas de la nariz. ¿Y cuando se acerca a la barra del bar a primeras horas de la mañana, con el atrayente olor a 'Abrótano Macho' y, dando un fuerte golpe en el mostrador, pide con autoridad:
- ... (ver texto completo)
- ... (ver texto completo)