LAS JOTAS DEL CANDIL
En Almadén
me quiero casar,
que cuerno y candil
no me han de faltar. (5)
También en Zarza la Mayor, pueblo de herreros, se canta el día de la boda:
El día que yo me case
ya llevo mi dote, ... (ver texto completo)
En Almadén
me quiero casar,
que cuerno y candil
no me han de faltar. (5)
También en Zarza la Mayor, pueblo de herreros, se canta el día de la boda:
El día que yo me case
ya llevo mi dote, ... (ver texto completo)
También en Valdecaballeros se dice:
L'albarda de yerro,
el ramal de lino,
y con un palotino:
¡arre, borriquino! (14)
Y al final de la jornada, ¿cuántas veces no apagaría el moco de la torcida, mojando con saliva sus dedos pulgar e índice, para evitar que humease y la alcoba se llenara de aquel mal olor?
La copla dice:
Acostar, acostar
a dormir, a dormir
a tirar de la manta
y apagar el candil (15)
Y en Tejeda del Tiétar se canta:
No quisiera parecerme
al pobrecito candil,
que todos le dan muerte
cuando se van a dormir. (16)
Sin embargo, en La Garganta se escucha esta otra versión:
Quién fuera clavito de oro
en que se cuelga el candil,
para verte desnudar
y a la mañana vestir. (17)
Bella estrofa, que encandilaría la imaginación de los mozos en sus noches de ronda.
El candil era llevado y traído, en la casa, por la mujer y en la calle, por el hombre. Brillaba apagado entre sones de guitarra y ranraneos de botella, por entre las calles y plazuelas de nuestros pueblos; como en Villanueva de la Vera:
"Una vieja y un candil
la perdición. de una casa,
la vieja, por lo que gruñe,
y el candil, por lo que gasta. (18)
Son chismorreos que se cantan «alrededor de la lumbre del candil». ¿Será verdad lo que dice la copla? Lo del candil, puede ser; puesto que según cuentan: en un pueblo de Badajoz, Higuera de Vargas, vivía un hombre llamado «Piro», que un día, desesperado por lo que gastaba el candil, y viéndose en la miseria, le propinó un tiro con la escopeta. De aquí el dicho popular: «Te voy a dar un tiro, como Piro al candil» (19).
Se puede escuchar la misma copla en Alcántara, Castuera y Zafra: aunque se conoce que en este último pueblo, rico en aceite, no les preocupaba lo del gasto:
Una vieja y un candil
son la perdición de casa,
la vieja por lo que gruñe
y el candil por lo que mancha. (20)
Otras canciones han nacido de la algazara del Carnaval, en la alegría de las fiestas, en las bodas, etc.; dictadas por el ingenio abierto y campechano del hombre extremeño. Como esta jota de Carnaval, que se canta en Tejeda del Tiétar:
¡Ay!, que te vi,
que te vi.
Con la puerta cerrada
y apagado el candil.
¡Ay! que te vi,
que te vi. (21)
Y que continúa picante en Garrovillas:
Tu madre tuvo la culpa
por dejar la puerta abierta,
y yo por meterme adentro
y tú por estarte quieta.
Que te vi, que te vi
con la puerta cerrada
y apagado el candil.
Cuando el candil se apagó
volvimos a abrir la puerta,
pero ya sabes que antes
tú te habías estado quieta.
Que te vi, que te vi
con la puerta cerrada
y apagado el candil.
Tu madre se había acostado,
tú apagaste el candil
porque estabas esperando
que yo pudiera acudir.
Que te vi, que te vi
con la puerta cerrada
y apagado el candil. (22)
Durante la noche Sanjuanera (24 de junio): «Se plantaba un «pimpollo», un pino nuevo, recién cortado, dejándole arriba su vástago de pinaza, al tiempo que cantaban:
Debajo de un pino verde
tiene mi amante la cama
y cuando se va a dormir
cuelga un candil en la rama.» (23)
En otro cantar de Tejeda que nos dictó María Naranjo, de 81 años, puede que sea una reminiscencia o recuerdo de lo que hace mucho serían aquellas noches de San Juan en el pueblo:
En los jardines del turco
tiene mi dama la cama,
y cuando se va a acostar,
cuelga el candil de una rama. (24)
Misteriosa noche de San Juan, llena de encantos y brujerías, de poderes fecundantes y árboles engalanados. Mientras la gente del pueblo de Santibáñez el Bajo salta sobre las hogueras para purificarse y arrojar sus males al fuego, como comenta Félix Barroso. «La cantinela del sortilegio volvió a sonar en los labios de muchos niños y muchachos:
«Sarna en una buranca,
¡salú pa Tomah Arranca!»
«Sarna en un pucheru,
salú pa Vitu Lineru.»
«Sarna en un candil,
salú pa Tedoru Chaplín!» (25) ... (ver texto completo)
L'albarda de yerro,
el ramal de lino,
y con un palotino:
¡arre, borriquino! (14)
Y al final de la jornada, ¿cuántas veces no apagaría el moco de la torcida, mojando con saliva sus dedos pulgar e índice, para evitar que humease y la alcoba se llenara de aquel mal olor?
La copla dice:
Acostar, acostar
a dormir, a dormir
a tirar de la manta
y apagar el candil (15)
Y en Tejeda del Tiétar se canta:
No quisiera parecerme
al pobrecito candil,
que todos le dan muerte
cuando se van a dormir. (16)
Sin embargo, en La Garganta se escucha esta otra versión:
Quién fuera clavito de oro
en que se cuelga el candil,
para verte desnudar
y a la mañana vestir. (17)
Bella estrofa, que encandilaría la imaginación de los mozos en sus noches de ronda.
El candil era llevado y traído, en la casa, por la mujer y en la calle, por el hombre. Brillaba apagado entre sones de guitarra y ranraneos de botella, por entre las calles y plazuelas de nuestros pueblos; como en Villanueva de la Vera:
"Una vieja y un candil
la perdición. de una casa,
la vieja, por lo que gruñe,
y el candil, por lo que gasta. (18)
Son chismorreos que se cantan «alrededor de la lumbre del candil». ¿Será verdad lo que dice la copla? Lo del candil, puede ser; puesto que según cuentan: en un pueblo de Badajoz, Higuera de Vargas, vivía un hombre llamado «Piro», que un día, desesperado por lo que gastaba el candil, y viéndose en la miseria, le propinó un tiro con la escopeta. De aquí el dicho popular: «Te voy a dar un tiro, como Piro al candil» (19).
Se puede escuchar la misma copla en Alcántara, Castuera y Zafra: aunque se conoce que en este último pueblo, rico en aceite, no les preocupaba lo del gasto:
Una vieja y un candil
son la perdición de casa,
la vieja por lo que gruñe
y el candil por lo que mancha. (20)
Otras canciones han nacido de la algazara del Carnaval, en la alegría de las fiestas, en las bodas, etc.; dictadas por el ingenio abierto y campechano del hombre extremeño. Como esta jota de Carnaval, que se canta en Tejeda del Tiétar:
¡Ay!, que te vi,
que te vi.
Con la puerta cerrada
y apagado el candil.
¡Ay! que te vi,
que te vi. (21)
Y que continúa picante en Garrovillas:
Tu madre tuvo la culpa
por dejar la puerta abierta,
y yo por meterme adentro
y tú por estarte quieta.
Que te vi, que te vi
con la puerta cerrada
y apagado el candil.
Cuando el candil se apagó
volvimos a abrir la puerta,
pero ya sabes que antes
tú te habías estado quieta.
Que te vi, que te vi
con la puerta cerrada
y apagado el candil.
Tu madre se había acostado,
tú apagaste el candil
porque estabas esperando
que yo pudiera acudir.
Que te vi, que te vi
con la puerta cerrada
y apagado el candil. (22)
Durante la noche Sanjuanera (24 de junio): «Se plantaba un «pimpollo», un pino nuevo, recién cortado, dejándole arriba su vástago de pinaza, al tiempo que cantaban:
Debajo de un pino verde
tiene mi amante la cama
y cuando se va a dormir
cuelga un candil en la rama.» (23)
En otro cantar de Tejeda que nos dictó María Naranjo, de 81 años, puede que sea una reminiscencia o recuerdo de lo que hace mucho serían aquellas noches de San Juan en el pueblo:
En los jardines del turco
tiene mi dama la cama,
y cuando se va a acostar,
cuelga el candil de una rama. (24)
Misteriosa noche de San Juan, llena de encantos y brujerías, de poderes fecundantes y árboles engalanados. Mientras la gente del pueblo de Santibáñez el Bajo salta sobre las hogueras para purificarse y arrojar sus males al fuego, como comenta Félix Barroso. «La cantinela del sortilegio volvió a sonar en los labios de muchos niños y muchachos:
«Sarna en una buranca,
¡salú pa Tomah Arranca!»
«Sarna en un pucheru,
salú pa Vitu Lineru.»
«Sarna en un candil,
salú pa Tedoru Chaplín!» (25) ... (ver texto completo)