(1)
Cárcel Modelo, 9/3/1938
A mi querida esposa : A. S.
Mieres
Queridísima esposa mía :
Cuando esta llegue a tus manos, habré dejado de existir para tí, y para el mundo, no te amilane mi muerte, lleva la cabeza erguida y muy alta, !muero sí! no como ladrón, ni asesino, tengo la conciencia tranquila.
Jamás he cometido un acto alguno de esta índole, cosa que mis nobles sentimientos repugnaría, tu lo sabes esposa mía, además el hombre que va a morir dice la verdad, no miente, soy inocente del délito que se me imputa.
Muero víctima de viles calumnias, hechas conscientemente, por unos hombres de bajos sentimientos humanitarios, con el exclusivo fin de perderme, yo les perdono por el mal que me han hecho.
Tu esposa mía, vela por nuestra querida hija ! hazla digna del nombre de su padre! que sepa por qué murió, cuando llegues a contraer nuevo matrimonio mira bien con quien lo haces.
Que a su lado seas tan feliz como lo has sido conmigo, pero ante todo que sea un buen padre para mi querida hija ! qué triste signo el mío!.
Que crezca sin conocer a su padre, yo que forjaba en ella todas mis ilusiones, pero muero tranquilo porque queda en buenas manos.
!No me abandoneis!, tú vida mía, recibe con estoicismo este rudo golpe del destino aciago y cruel.
Eres joven y aun puedes saborear la dicha de una paz apacible y sosegada, que vuelva a unir a los hombres, en unos lazos de hermandad, tan faltos hoy por el doloroso azote que asola nuestra querida España.
Resígnate al hondo dolor, que en estos momentos te ha de embargar, como yo estoy resignado, a la triste suerte que el destino me ha deparado.
!Tan feliz como era a tu lado! con el cariño de nuestra hija y !cuando la dicha y el amor más fiel nos rodeaba surge este horroroso espectro! deshaciendo todo nuestro amor nuestra !felicidad! y !nuestro hogar! qué horrible es todo esto.
!Qué triste fin el mío!...en fin perdona inolvidable mía no puedo más la pluma se niega rasguear, cada trazo es un girón de mi corazón, los sollozos me ahogan, pienso en tí, en mi querida hija, en mi pobre madre en fin en todos mis seres queridos.
Todos pasáis por mi mente, para todos serán mis últimos instantes, qué triste no poder besaros ni estrecharos por última vez.
Si alguno de los familiares quisiera tener algún presente mío, los repartes.
Lo demás lo dejo en vuestras manos, para que en conformidad lo soluciones, hacerlo bien pero no olvideis a mi hijita.
Si algún día podeis trasladar mis restos a Mieres, lo hacéis, y el día que tu dejes de existir, mi mayor deseo sería que tus restos reposen a mi lado.
!Esposa mía! !querida hija! madre querida, queridos hermanos, tíos primos, en fin todos, familia y amistades, todos en general, recibid el último beso de vuestro querido mártir.
Y tu, inolvidable esposa mía y querida hija, recibid el beso frío y póstumo, de este que te quiso, te quiere, y desde ultratumba te seguirá amando...!Que la suerte os acompañe a todos, y no sea lo ingrata que para mi ha sido!
Hasta la eternidad tu
L.
Sigue
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Cárcel Modelo, 9/3/1938
A mi querida esposa : A. S.
Mieres
Queridísima esposa mía :
Cuando esta llegue a tus manos, habré dejado de existir para tí, y para el mundo, no te amilane mi muerte, lleva la cabeza erguida y muy alta, !muero sí! no como ladrón, ni asesino, tengo la conciencia tranquila.
Jamás he cometido un acto alguno de esta índole, cosa que mis nobles sentimientos repugnaría, tu lo sabes esposa mía, además el hombre que va a morir dice la verdad, no miente, soy inocente del délito que se me imputa.
Muero víctima de viles calumnias, hechas conscientemente, por unos hombres de bajos sentimientos humanitarios, con el exclusivo fin de perderme, yo les perdono por el mal que me han hecho.
Tu esposa mía, vela por nuestra querida hija ! hazla digna del nombre de su padre! que sepa por qué murió, cuando llegues a contraer nuevo matrimonio mira bien con quien lo haces.
Que a su lado seas tan feliz como lo has sido conmigo, pero ante todo que sea un buen padre para mi querida hija ! qué triste signo el mío!.
Que crezca sin conocer a su padre, yo que forjaba en ella todas mis ilusiones, pero muero tranquilo porque queda en buenas manos.
!No me abandoneis!, tú vida mía, recibe con estoicismo este rudo golpe del destino aciago y cruel.
Eres joven y aun puedes saborear la dicha de una paz apacible y sosegada, que vuelva a unir a los hombres, en unos lazos de hermandad, tan faltos hoy por el doloroso azote que asola nuestra querida España.
Resígnate al hondo dolor, que en estos momentos te ha de embargar, como yo estoy resignado, a la triste suerte que el destino me ha deparado.
!Tan feliz como era a tu lado! con el cariño de nuestra hija y !cuando la dicha y el amor más fiel nos rodeaba surge este horroroso espectro! deshaciendo todo nuestro amor nuestra !felicidad! y !nuestro hogar! qué horrible es todo esto.
!Qué triste fin el mío!...en fin perdona inolvidable mía no puedo más la pluma se niega rasguear, cada trazo es un girón de mi corazón, los sollozos me ahogan, pienso en tí, en mi querida hija, en mi pobre madre en fin en todos mis seres queridos.
Todos pasáis por mi mente, para todos serán mis últimos instantes, qué triste no poder besaros ni estrecharos por última vez.
Si alguno de los familiares quisiera tener algún presente mío, los repartes.
Lo demás lo dejo en vuestras manos, para que en conformidad lo soluciones, hacerlo bien pero no olvideis a mi hijita.
Si algún día podeis trasladar mis restos a Mieres, lo hacéis, y el día que tu dejes de existir, mi mayor deseo sería que tus restos reposen a mi lado.
!Esposa mía! !querida hija! madre querida, queridos hermanos, tíos primos, en fin todos, familia y amistades, todos en general, recibid el último beso de vuestro querido mártir.
Y tu, inolvidable esposa mía y querida hija, recibid el beso frío y póstumo, de este que te quiso, te quiere, y desde ultratumba te seguirá amando...!Que la suerte os acompañe a todos, y no sea lo ingrata que para mi ha sido!
Hasta la eternidad tu
L.
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