EL ECO DE AQUELLOS DÍAS:
En el
rincón más silencioso de mi pecho, donde el tiempo no roba la ilusión, guarda el alma las vivencias deshechas, los latidos que habitan tu rincón.
Son destellos de soles dormidos, que despiertan al soplo del viento, son recuerdos que nunca se han ido, son la magia de cada momento.
Aunque el calendario marque distancias, y las horas se vuelvan mortales, el alma conserva tus fragancias, y convierte en eternos mis males.
Es el
arte de la memoria, un suspiro que vuelve del
mar, donde cada recuerdo es
historia, y una lágrima que sabe a brisa sanar.