En el mismo día y a la misma hora, más o menos, Fernado Verdasco (tenista) se acordaba de la madre que parió a un espectador francés que osó espetarle desde las gradas algo que no le gustó y, las cámaras, chivatas como son, recogió íntegro su desliz. Mientras, El President por la gracia de Dios en la Generalitat valenciana, don Francisco el bien vestido, se organizaba una fiesta rodeado de incondicionales para reafirmar su autoestima. Pero no estaba don Marianiño, que prefirió zamparse unos caracoles ... (ver texto completo)