Fernando Suárez, una de las tres o cuatro mejores cabezas políticas de su generación, hombre de cultura y de rigor, jurista fino y ciudadano consciente, es uno de esos casos con los que el centro derecha español manifiesta su capacidad para el despilfarro. Si el PP, en su fiebre nepótica y amiguista, no hubiera prescindido de gentes como él, no sería hoy una dividida jaula de grillos con más anclajes en el pasado que posibilidades para el futuro.
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