Hay quien está empeñado en robarnos la Navidad y en sustituirla por una celebración del tiempo de invierno que además de ridícula es inconsistente. Son los mismos que proyectan desamortizar la historia, la cultura, la expresión de lo más auténtico y profundo del hombre, su deseo de encontrarse con Dios y con los hermanos. Lo que ocurrió en la primera Navidad de la historia no terminó allí. La fuerza expansiva del acontecimiento de Belén ha sido capaz de hacer que el hombre sea más hombre y que la ... (ver texto completo)