Los mitines sirven para dos cosas: primero, para escuchar y enriquecerse, pues en la variedad de las opciones políticas reside la riqueza de la democracia, y segundo, para que el candidato en cuestión hable, con la cabeza y la voz bien alta, de aquello que quiere transmitir a la gente de su pueblo: sin pasquines ni cuartillas trapisonderas que lo único que pueden demostrar es la cobardía de quien las tira y la escasa sensatez de quien no cree en su propio programa electoral, que dicho sea de paso, ... (ver texto completo)