Una cierta calma chicha se ha instalado en lo que respecta al juicio del 11-M, como si todo el pescado estuviera ya vendido. A la espera de los testigos convocados por quienes no defienden la versión oficial, y a la espera de que se emita el informe de los explosivos de los trenes, seguimos asistiendo al esperpento de ver narrar episodio grotesco tras episodio grotesco en esa sala en la que el juez Gómez Bermúdez tiene cada día más cara de saturación.
Ayer pudimos oír a unos guardias civiles contar ... (ver texto completo)
Ayer pudimos oír a unos guardias civiles contar ... (ver texto completo)