CAMBRILS: En marzo de 1713 las tropas de Felipe V iniciaron el...

En marzo de 1713 las tropas de Felipe V iniciaron el acoso de Barcelona. Cataluña, reducida a les dos ciudades fortificadas de Barcelona y Cardona, havia de elegir rendirse o continuar la lucha en defensa propia. A mediados de 1713 fueron convocados los Brazos generales -las Cortes sin el rey- para tomar una decisión. Los brazos militares, eclesiástico y los diputados de la Generalidad, delante la desproporción entre las fuerzas catalanas (faltando ya las tropas de soporte de la Gran Alianza) delante de las de Felipe V, estaban para la aceptación del rey Borbón. Pero el brazo popular decidió la votación a favor de la resistencia. En vista de aquella decisión, la Generalidad una vez más, hizo una llamada a la defensa de la ciudad.
El acoso, lo inició el duque de Berwick, general francés impuesto por Luis XIV a su nieto Felipe V. El general Antonio de Villarroel fue puesto al mando de les tropas catalanas. Cataluña veía en Felipe V la instauración definitiva del absolutismo y del centralismo a todos los territorios sometidos. El acoso de Barcelona es visto, por los testimonios contemporáneos, como la agresión a un pueblo que havia hecho de la libertad el fundamento de sus instituciones. Escritores de la época describen la defensa de Barcelona como un gesto heroico admirado en toda Europa.
Dieciocho meses de acoso y de luchas terribles obligaron a capitular el día 11 de septiembre de 1714: los defensores más destacados de Barcelona, Rafael Casanova, consejero del Consistorio de la ciudad, y el general Antonio de Villarroel, comandante supremo de las fuerzas militares, quisieron evitar una catástrofe total de la ciudad y des sus defensores.
El 15 de septiembre de 1714, el duque de Berwick firmó el nombramiento de la "Real Junta Superior de Justicia y Gobierno", que, bajo la presidencia del consejero felipista José Patiño, substituía la autoridad de la Generalidad y del Consejo de Ciento. Al día siguiente, José Patiño leía delante el Presidente de la Generalidad el decreto de disolución: "Habiendo cesado por la entrada de las armas del Rey no.S. (que.de.G.) en esta Ciudad y plaza la representación de la Diputación y Generalidad de Cataluña, el Excmo. Sr. Mariscal Duque de Berwick y Liria, me ha encargado que ordene y mande a los diputados y oidores de cuentas del General de Cataluña, que arrimen todas las insignias, cesen totalmente, así ellos como sus subalternos, en el ejercicio de sus cargos, empleos y oficios y entreguen las llaves, libros y todo lo demás concerniente a dicha casa de la Diputación y sus dependencias...". Valencia y Aragón ya habían caído en manos de la corona castellana. Mallorca e Ibiza se retaron al año siguiente. Por el Tratado de Utrecht (1713) Menorca havia estado cedida a Inglaterra, y los otros territorios de la antigua corona de Cataluña-Aragón quedaban desmembrados: Nápoles y Cerdeña pasaban bajo soberanía austriaca, y Sicília fue librada al duque de Saboya.
Abolidas la Generalidad y el Consejo de Ciento, desarmadas y extinguidas las fuerzas militares catalanas, exiliados, presos o condenados a muerte los primeros de la resistencia, derrumbados sus castillos, cerrada la Casa de la Moneda, suprimida la Universidad de Barcelona y los Estudios Generales del Principado, decretado el uso oficial del castellano en vez del catalán, Cataluña perdía todo el poder político y era sometida a un largo proceso de castellanización.
El nuevo régimen de Cataluña, instaurado provisionalmente el 1714, fue definitivamente estructurado por el Real Decrete de Nova Planta del 16 de enero de 1716, sometido a la aprobación del Consejo de Castilla. El Decreto de Nova Planta confió el máximo poder de gobierno a un militar: el capitán general, asistido por la "Real Audiencia". La división territorial del Principado en "veguerías" (comarcas), formalmente establecida en dieciocho "veguerías" desde 1304, fue substituida por una división en doce corregimientos y un distrito (Valle de Aran). Pero ni las antiguas "veguerías" ni los corregimientos ni las futuras provincias no reflejaban las realidades humanas y geográficas de la tierra. Seria preciso esperar más de dos siglos para que la organización territorial en comarcas fuera recuperada por la nueva Generalidad del s. XX.
Durante los reinados de los sucesores de Felipe V, Fernando VI (1746-1759) y Carlos III (1759-1788), la atención de los catalanes se encaminó hacia el resurgimiento cultural y económico, favorecido por la concesión de Carlos III a los puertos catalanes de comerciar directamente con América, antes prohibida. Era el momento del desarrollo industrial de Cataluña.
Pero la vida política se centra en la Corte de Madrid, de donde salía todo lo que afectaba al gobierno de Cataluña. Si Felipe V havia eliminado el uso oficial del catalán, Carlos III, por una Real Cédula de 1768, la eliminó de la enseñanza primaria y secundaria. Estas medidas evidentemente no consiguieron la total desaparición de la lengua catalana, que además fue el vehículo de notables creaciones literarias. Cataluña, a pesar de la sumisión oficial a la nueva monarquía, tampoco no havia perdido del todo su conciencia nacional. Cuando en 1789 se reunieron las Cortes en Madrid para el juramento del príncipe heredero Fernando, la representación catalana se presentó como Diputació del Principat de Cataluña, reminiscencia de la Generalidad abolida.
La Revolución Francesa actuó en ciertos sectores de Cataluña como una ventolera con aires de libertad. En el momento que Francia declaró la guerra a España (1793) dando lugar a la llamada "Guerra Gran", Cataluña organizó su defensa contra los franceses, que resultaron perdedores. En 1795 se firmaba la paz de Basilea con la restitución recíproca de los territorios ocupados.
La emergencia de Napoleón Bonaparte y el lanzamiento de su ejército a la conquista de Europa implicaron de nuevo a Cataluña en otra guerra de defensa, justamente trece años después de acabada la Guerra Gran. Carlos IV (1788-1808) fue incapaz de afrontar la situación y Napoleón aprovechó hábilmente la debilidad del rey y la inexperiencia de Fernando VII para ampliar su imperio. La defensa del territorio catalán estaba motivada entonces por la animadversión hacia el invasor y por sentimientos religiosos. A mediados de 1808 se constituyó la Junta Superior del Principado, que organizó de una manera autónoma las fuerzas militares de defensa. Se abría así un período de guerra desoladora que dejó el país devastado y en la miseria. Napoleón intentó ganarse Cataluña ofreciéndole una forma de autogobierno independiente de la corona de José Bonaparte (1810) y decretando la oficialidad del catalán. Pero el Principado no aceptó la ocupación. Aún encendida la guerra contra Napoleón, las Cortes de Cádiz daban fuerza constitucional al centralismo y uniformismo que situaban Cataluña en una posición más desfavorable de la que Napoleón estaba dispuesto a atorgarle.
La junta superior del Principado, que havia actuado como un gobierno en momentos de emergencia, fue abolida y substituida por un nuevo organismo establecido en la Constitución de Cádiz: la diputación provincial, presidida por el capitán general, máxima autoridad en el Principado ya que la guerra contra la ocupación francesa havia conducido a un predominio del estamento militar. De acuerdo con la Constitución de Cádiz (1812), Cataluña fue dividida en provincias. Pero con el absolutismo de Fernando VII, que en 1813 havia recuperado de Napoleón la corona de España, se volvió al régimen de corregimientos, hasta que en el año 1833 se implantó nuevamente la división provincial.
Durante el siglo XIX, Cataluña se vio sometida a las luchas civiles, a les guerras carlinas y a los enfrentamientos entre los partidos. La efímera Primera República española de 1873 tuvo como a primeros presidentes dos catalanes: Figueras y Pi y Margall. Un golpe militar derrumbó la República y restauró la monarquía con Alfonso XII (1874), sucedido por Alfonso XIII bajo la regencia previa de Maria Cristina (1885).
¿Seguimos? Aunque el resto ya lo conoeces, farero.
El Tamboriler del Bruch.