Mutxatxa o mutxatxo o mezcla, ¿qué me cuentas?
Celebro hallarte por este concejo
aunque sea cuestionando un cuento viejo
que estos días se ha clavado en mi osamenta.
Acepto tu rosa si no es compraventa
pues como sabes, ya soy un perro viejo
con algunas tablas y un poco pendejo,
acérrimo amigo de diosas sin renta.
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Va de asedios y pasiones
y una tacita de plata
donde le echaron cojones
las mozas en La Caleta.
Tú ya sabes, no eran rosas
sino bombas, y con ellas
ellas, bellas y rumbosas
solían preparar metrallas.
Y no siendo rencorosas,
se hacían tirabuzones
y luego a los fanfarrones
les enseñaban sus cosas,
para luego y sin dilación
pisotearle los cojones
mayormente, por mamones
y por falta de precisión.
Claro está que en los de dentro,
también había algún cabrón
pero a esos le daban jabón,
usándolos de jumentos
que en parejas o en reatas
y como eran muy machotes
mandaban a cazar ratas
cuidando ellas a sus tiotes.
Y de eso va la trama,
Pérez-Reverte su autor,
las rosas las regalé yo
que soy amigo de las damas
aunque respeto a sus “amos”
que si no, jodido estamos
pues, es viejo error el trance
cuando uno, recela de dos.
Sean los sesenta y nueve abrazos y brindemos con vino o cava.
Salud.
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