Del
pozo sin fondo comenzo a surgir, una lengua de
niebla, la espesa niebla fue rectando hasta las proximidades de la tuda.
En la
bodega, se notaba una presencia, acompañada de un olor a azufre.
Los siervos del que llegaba, bajaron la cabeza, clavando la mirada en el oscuro suelo.
El chasquido característico de las patas cabrunas era el único sonido en la
cueva, se detuvo, y el silencio fue roto por los quejidos y gemidos de la
joven.
El fuerte olor de efluvios sexuales de macho cabrio lleno
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