Las campanas repican y poco a poco la gente va llegando a la Iglesia, la señora mayordoma, camina con sumo cuidado, pues lleva la tarta, y en una cesta alguien de la familia las palomas. Unos niños que juegan a la puerta de la iglesia, al pasar con la tarta miran con ojos golosos. El joven párroco, llegado al pueblo unos dos años antes sale de la sacristía, a cada lado un monaguillo, un tercero tiene bien sujeto el incensario. Cuándo llega el ofertorio cuatro mozos toman las andas dónde está la Virgen. ... (ver texto completo)