Se hallaba un gorrioncillo picoteando entre la hierba de la Torre. No es que pasara mucha gente por allí, pero le estraño, que llevaba varios días sin ver al señor que salía de la trasera hacía la Torre a mirar el paisaje. Tampoco había pasado por el sendero el anciano que tenía la trasera algo más abajo, y el carretillo que solía utilizar lo tenía aparcado en el hueco de sus traseras. Posado el gorrioncillo en el cañón de la bodega que está a las faldas del teso, también recordó que el señor que ... (ver texto completo)