Querido amigo: Estoy muy apenado y profundamente arrepentido por haberte traicionado, facilitando tu teléfono a gentes sin escrúpulos, pues no imaginaba yo que estos dos pesados te iban a dar la torrija todas las entresiestas. Con lo cansados que llegareis del trabajo y no poder dar una cabezadica o lo que sea menester. No tengo perdón de Dios; por menos agravio, le dedicaron aquí en Zamora una puerta a un tal Bellido Dolfos. Así que en honor a nuestra amistad te pido perdón de todo corazón. No obstante, ... (ver texto completo)