Unas fiebres reumáticas que padecí en mi infancia, cuando la Seguridad Social aun estaba en pañales... (o menos). Me hicieron conocer al lado del
cine Delicias en
Valladolid, la
casa y creo que clínica, de la mujer, y el gran
médico que lo fue, Don Rigoberto Cortejoso Villanueva.
Aquel matrimonio mostraba un interés por cada enfermo, tanto como si fueran sus hijos.
Pocos años después, me saltó un cuerpo extraño a un ojo, coincidí en la clínica quizá también casa de Don Luis Novo Molina, en
Toro.
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