LA
VIRGEN DORMIDA:
Gracias, hermano, y adelante.
Chirrió de nuevo la
carreta, y las mulas avanzaron valientes por el repecho.
Minutos después Sor Ana golpeaba tímidamente con el aldabón pesado del
monasterio. El portero mandó pasar a las monjas, y aviso al Prior.
La
joven Abadesa le contó quienes eran y a qué venian. El viejo fraile sonriendo alegre le dijo:
Bienvenidas, hermanas, a esta
casa que desde hoy es suya. Descansen cuanto quieran, y rueguen a Dios por estos monjes que con tan estrechos
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