Majestad-dijo el siervo a su Rey-, el santo Narottam jamás se ha dignado a venir a vuestro templo real. Esta cantando alabanzas a Dios bajo los árboles, junto al camino abierto. ¡El templo está vacío de fieles! La gente, por el contrario, se agrupa a su alrededor como las abejas en torno al loto blanco, dejando el dorado panal de miel. El Rey indignado en su interior, fue al lugar donde Narottam se sentaba en la hierba, y le preguntó:-Padre, ¿por qué dejas mi templo con cúpula de oro y te sientas ... (ver texto completo)