Crónicas de una letra minúscula.
Una romana muy fiel
Los tiempos y los pueblos no dejan de cambiar, ahora no hay un solo pueblo en Castilla, que no tenga una bascula para pesar, camiones, remolques, grano, ganado, en fin, lo que se tercie, en Malva por ejemplo hoy día hay dos grandes y una más pequeña para los cerdos.. Volviendo la vista hacia atrás, la única bascula a estos niveles que conocíamos era la bascula de los silos de Pozoantiguo. Bueno en el molino siempre hubo una más pequeña para pesar sacos de cereal, como también las había en las tiendas de comestibles y en casa Vicenta. Sin embargo, lo que si había en casi todas las casas del pueblo, eran las romanas, grandes y pequeñas, con las grandes se pesaban los sacos de trigo, cebada, el marranico para vender, o mismamente, el de la matanza, se le pasaban dos correas, entre la barriga y las patas de adelante la una, y entre la barriga y las patas traseras la otra. Quedaba el guarro que parecía que se quedaba mirando para Mompobre. Era también el único instrumento que había para pesarse las propias personas. Con la pequeña, se pesaba el conejo, el capón, el kilo de garbanzos, las lentejas, un melón, todas las cosas de andar por casa. Entonces se utilizaban casi a diario y tenían tanta importancia que si además se juntaban con un reloj de pared, no te digo nada, recuerdo un comentario, de una mujer que ya no vive, decía más o menos así:
Una romana muy fiel
Los tiempos y los pueblos no dejan de cambiar, ahora no hay un solo pueblo en Castilla, que no tenga una bascula para pesar, camiones, remolques, grano, ganado, en fin, lo que se tercie, en Malva por ejemplo hoy día hay dos grandes y una más pequeña para los cerdos.. Volviendo la vista hacia atrás, la única bascula a estos niveles que conocíamos era la bascula de los silos de Pozoantiguo. Bueno en el molino siempre hubo una más pequeña para pesar sacos de cereal, como también las había en las tiendas de comestibles y en casa Vicenta. Sin embargo, lo que si había en casi todas las casas del pueblo, eran las romanas, grandes y pequeñas, con las grandes se pesaban los sacos de trigo, cebada, el marranico para vender, o mismamente, el de la matanza, se le pasaban dos correas, entre la barriga y las patas de adelante la una, y entre la barriga y las patas traseras la otra. Quedaba el guarro que parecía que se quedaba mirando para Mompobre. Era también el único instrumento que había para pesarse las propias personas. Con la pequeña, se pesaba el conejo, el capón, el kilo de garbanzos, las lentejas, un melón, todas las cosas de andar por casa. Entonces se utilizaban casi a diario y tenían tanta importancia que si además se juntaban con un reloj de pared, no te digo nada, recuerdo un comentario, de una mujer que ya no vive, decía más o menos así:
Y ahora me dirá.
Que por que.
No pongo.
Puntos.
Y a parte.
Salud.
Y.
Punto.
Y.
A.
Parte.
Que por que.
No pongo.
Puntos.
Y a parte.
Salud.
Y.
Punto.
Y.
A.
Parte.