Como la de hoy no porque anda un airón que mete miedo pero, en mañanas de invierno como estas de Extremadura, casi equivalentes a las de otoño en Zamora, vas a los pueblos a eso de las diez o así y anda un olor entre lumbre de leña y pan recién hecho que alimenta. Seguramente estará la furgoneta del reparto a bocinazos por las calles así que ¡qué extraño es!