MALVA: Quitando los cuatro meses de canícula, los otros ocho...

Quitando los cuatro meses de canícula, los otros ocho meses se disfruta, en Extremadura, de un clima que da gloria. Sobre todo si las pocas que llueva no tienes ninguna obra abierta. Las más de las tardes, te puedes dar unos paseos que le ronca el bolo.
Nada más salir de Malpartida, en dirección a Los Barruecos hay una pequeña loma formada por unos enormes canchos forrados de musgo aterciopelado entre cuyas rendijas se cuelan una docena de encinas. En la cima hay un par de vericuetos donde pasa algunos ratos un hombrito chiscando lumbre con cuatro palitroques que recoge por allí. Le debe gustar contemplar cómo arden los leños y el olor a humo. ¡No sabe nada el pollo!. Se conoce que echa de menos, como yo, el olor que desprenden las chimeneas de los pueblos de Castilla cuando, a media mañana, las mujeres ponen la lumbre.
Desde arriba puedes ver Malpartida, Cáceres y su santuario de la Montaña, la Sierra de Montánchez, al fondo y un poco más cerca Las Peñas del Tesoro coronadas, cada una por su nido de cigüeña. Se puede ver Arroyo de la Luz y, un poco más acá, la vieja estación de Arroyo-Malpartida. Y desde el sur hasta el este, la Sierra de San Pedro en cuyas faldas algún que otro torero, banquero o gente con posibles tiene recogido su cortijo. Más acá, una franja de auténtica dehesa extremeña, lindando, casi a los pies de la loma, con unas fincas en las que, los perros con más suerte cuidan una casa con piscina y todo y los más desafortunados, pasan los días encadenados a una caseta cochambrosa cuidando nada, en medio de nada. Y aún así, los animalitos, se llevarán una inmensa alegría cuando el dueño le acerque algo de comida. ¡Me quiero yo reír, si fuera al revés, los palos que se llevaría el pobre animal!
A esa loma me subo muchas tardes a ver cómo el sol, rodeado de unas cuantas estelas de aviones (siete a la vez, esta tarde) se acuesta en la Sierra de San Pedro. Te puedes sentar en una piedra, tan ricamente, que no se te queda el culo frío. El sol resplandece como cuando dejas entreabierta la tapadera de la estufa, recién atizada. Un rato después, la lumbre ya no está como un toro, ahora es, más bien, un brasero recién escarbado. Como no hay nubes, el cielo parece el panel del cajón debajo de la camilla. Termina de esconderse el sol y se empieza a quedar una miaja fría la oreja pero te echas por cima las faldillas de la camilla, te reclinas sobre la camilla y entras en calor como si tal cosa…
¡Mu superior, pero si fuera la ermita de Malva….!