Nos recluimos en nuestros hogares, cuando la naturaleza comenzaba a despertar del letargo del invierno. Ya hemos salido y nos hemos encontrado con una vegetación exhuberante y no nos ha dado tiempo para asimilar tanta hermosura. Fue quizás la rama de un árbol, caída a las aguas que de pronto emergía y rápidamente se sumergia y desaparecía, lo que confundió al senderista, que mucho de su tiempo había dedicado a mirar las nobes y encontrar en sus capichosas formas multitud de imaginarios animales.
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