. RAMOS Con cristiana resignación Argimiro Santamaría carga la carretilla con decenas de garrafas de agua, las mismas que pueblan las estanterías de los supermercados, de entre cinco y 6,5 litros, pero éstas vacías. Es martes por la tarde y, como sucede, ya de rutina, desde hace dos años y medio en San Marcial, llega el maná, el agua sin contaminar a bordo de una cisterna de leche Gaza fletada por la Diputación para cubrir el abastecimiento de agua potable del que carecen en este pueblo por problemas ... (ver texto completo)