La virgen dormida:
Diciendo esto, estrechó contra su corazón Sor Ines que temblaba en sus brazos, como un pajarito empapado por la tempestad, en las manos calientes de un niño.
De pronto, el hombre que guiaba las mulas, y que miraba a las monjas con ojos de cariño y de asombro advirtió:
Madres, la lluvia no cesa y el río va teniendo ganas de comerse el camino. Agarrense bien, que voy arrear un poco el ganado antes de que nos quedemos sin paso.
Se enrosco el látigo y silbó en el aire como una ... (ver texto completo)
Diciendo esto, estrechó contra su corazón Sor Ines que temblaba en sus brazos, como un pajarito empapado por la tempestad, en las manos calientes de un niño.
De pronto, el hombre que guiaba las mulas, y que miraba a las monjas con ojos de cariño y de asombro advirtió:
Madres, la lluvia no cesa y el río va teniendo ganas de comerse el camino. Agarrense bien, que voy arrear un poco el ganado antes de que nos quedemos sin paso.
Se enrosco el látigo y silbó en el aire como una ... (ver texto completo)