Pronto el gobernador la vuelve a llamar a su tribunal.
- ¿Quién se ha atrevido a curarte?
-Jesucristo, Hijo de Dios vivo.
- ¿Aún pronuncias el nombre de tu
Cristo?...
-No puedo -le responde decidida- callar el nombre de Aquel que estoy invocando dentro de mi corazón.
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