Cuando alguien se atragantaba, se le daban golpes en la espalda y se decía: "San Blas, San Blas, que se ahoga este animal"
Voy a ver si me quito los "cuidaos".
A lo que tengo que añadir "puede que sí, puede que no" como se decía antes en una buena mano de caza por las tierras de Malva.
Felicidades a todos los Blas. Según el myrga "el arte de envejecer es el arte de conservar alguna esperanza".
Y eso que tenían preparados los filetes empanaos y la tortilla de patata con pimientos.
Buenos días. En Malva 1º, en Malpartida 9º y en Oimiakon -49º. Esta tarde tampoco van de excursión al campo los de ese pueblo.
Pues nada majos, que tengamos salud para disfrutarlo trabajando y como pacientes, salud para no estrenarlo.
La verdad, es un gustazo trabajar cuando está todo "nuevecito".
Hace unos días abrió deprisa y corriendo por culpa de un "momento puntual" (según los entendidos). Pero desde hoy, ya estamos toda la plantilla al completo.
Y como las cosas de palacio van despacio. Hoy, hemos estrenado en Zamora la tercera planta de hospitalización del Ikea.
Vamos, que es tiempo propio de invierno.
Tanto si llueve como si hace sol, en la Candelaria (2 de febrero), hace un frío del copón.
Pronto el gobernador la vuelve a llamar a su tribunal.

- ¿Quién se ha atrevido a curarte?

-Jesucristo, Hijo de Dios vivo.

- ¿Aún pronuncias el nombre de tu Cristo?...

-No puedo -le responde decidida- callar el nombre de Aquel que estoy invocando dentro de mi corazón.
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Desengañado, el procónsul manda llamar a Agueda a quien increpa ásperamente: "Pero tú, ¿de qué casta eres?" "Aunque soy de familia noble y rica-le contesta-, mi alegría es ser sierva y esclava de Jesucristo".

Quinciano se enfurece. Le hace ver los castigos a que la va a condenar si sigue en su decisión, como a un vulgar asesino; la vergüenza que con ello vendría a su familia, la juventud, la hermosura que va a desperdiciar...

" ¿No comprendes, le insinúa, cuán ventajoso sería para ti el librarte ... (ver texto completo)
Si hemos de creer a las Actas, ya de antes Quinciano, el procónsul, se había enamorado de Agueda, "cuya belleza sobrepujaba a la de todas las doncellas de la época". Esta había rechazado siempre sus pretensiones, y ahora el desairado gobernador se prometía reducirla intimándola con la persecución y los tormentos a que se hacía acreedora por su constancia en defender la religión cristiana.

Obedeciera o no a esta medida, el hecho es que Agueda, como tantos cristianos de la isla, fue llevada ante el tribunal para que prestara también su sacrificio a los dioses. La Santa no teme a la muerte, pero le hacen temblar los infames propósitos del gobernador para hacerla suya. Decidida y llena de fe y de confianza, ofrece de nuevo al Señor su virginidad y se prepara para el martirio.

No eran éstos, sin embargo, los propósitos inmediatos del procónsul que, para forzar su voluntad e intimidarla, la pone en manos de una mujer liviana y perversa, y en compañía de otras de su misma deplorable condición. Durante treinta días estuvo la Santa sufriendo duramente en su sensibilidad, pero no pudieron desviarla de seguir en su propósito de esposa de Jesucristo. ... (ver texto completo)