ERA EN EL SIGLO XVIII
Aquel matrimonio con un hijo de diez años, decidieron marcharse de La Seca, para buscar un trabajo mejor y más digno, sobre su burro y unas aguaderas, llevaban todo su equipaje, sin apenas pensarlo demasiado, el marido, pensaba, “estoy harto de escavar, acobijar, es matar, y segar en el verano”. El hombre aquel miraba a su hijo, veía en su cara la esperanza, de vivir una vida algo mejor y más económicamente fuerte. La salida fue de madrugada, nadie se daba cuenta de su marcha, La Seca dormía, tranquilamente, esperando cada día realizar las faenas de la agricultura sobre su viñedos, allí llamados majuelos. Aquel matrimonio continúo un rato sobre su burro y otro rato andando, de vez en cuando mordían un zoquete de pan, para proseguir su camino. Después de seis horas y media, llegaron a la ciudad de Valladolid, entonces sintieron el movimiento de carros y tartanas por dentro de la capital, Intentaron dialogar con personas de allí, pero nadie les daba trabajo, tan solo le orientaban donde podían encontrar algo para su futuro. Por fin decidieron caminar con su burro hasta Palencia, donde el hombre encontró trabajo de peón de albañil, y en una casa repartida entre tres matrimonios, pudieron iniciar una nueva vida, el burro siguió siendo un animal que cuidar, y un vecino de la calle donde vivían, se quedó con él, para repartir por la ciudad de Palencia, sus productos de una huerta de su propiedad. La familia empezó a levantar cabeza económicamente, la mujer se dedicaba a coser, y otras faenas del hogar, y el marido poco a poco fue progresando en su trabajo. Olvidándose de su anterior niñez y juventud en tierras lasecanas, que de vez en cuando recordaba, sobre todo en la época de la vendimia, por el sabor de las uvas verdejas, que una vez en su domicilio, le duraban bastantes días en buen estado de poder comer. En aquellos años las comunicaciones eran difíciles, el escribir era cosa de muy pocos seres humanos, el analfabetismo se extendía por toda la península, aunque en La Seca siempre la mayoría de su gente, se defendía escribiendo y leyendo, Así y todo las comunicaciones en carta aun no existían, y tan solo para poderse comunicar era a base de personas que se dedicaban a comprar por diferentes lugares, o incluso afiladores que recorrían España, desde Galicia. y que a veces sirvieron de carteros. G X Cantalapiedra.
Aquel matrimonio con un hijo de diez años, decidieron marcharse de La Seca, para buscar un trabajo mejor y más digno, sobre su burro y unas aguaderas, llevaban todo su equipaje, sin apenas pensarlo demasiado, el marido, pensaba, “estoy harto de escavar, acobijar, es matar, y segar en el verano”. El hombre aquel miraba a su hijo, veía en su cara la esperanza, de vivir una vida algo mejor y más económicamente fuerte. La salida fue de madrugada, nadie se daba cuenta de su marcha, La Seca dormía, tranquilamente, esperando cada día realizar las faenas de la agricultura sobre su viñedos, allí llamados majuelos. Aquel matrimonio continúo un rato sobre su burro y otro rato andando, de vez en cuando mordían un zoquete de pan, para proseguir su camino. Después de seis horas y media, llegaron a la ciudad de Valladolid, entonces sintieron el movimiento de carros y tartanas por dentro de la capital, Intentaron dialogar con personas de allí, pero nadie les daba trabajo, tan solo le orientaban donde podían encontrar algo para su futuro. Por fin decidieron caminar con su burro hasta Palencia, donde el hombre encontró trabajo de peón de albañil, y en una casa repartida entre tres matrimonios, pudieron iniciar una nueva vida, el burro siguió siendo un animal que cuidar, y un vecino de la calle donde vivían, se quedó con él, para repartir por la ciudad de Palencia, sus productos de una huerta de su propiedad. La familia empezó a levantar cabeza económicamente, la mujer se dedicaba a coser, y otras faenas del hogar, y el marido poco a poco fue progresando en su trabajo. Olvidándose de su anterior niñez y juventud en tierras lasecanas, que de vez en cuando recordaba, sobre todo en la época de la vendimia, por el sabor de las uvas verdejas, que una vez en su domicilio, le duraban bastantes días en buen estado de poder comer. En aquellos años las comunicaciones eran difíciles, el escribir era cosa de muy pocos seres humanos, el analfabetismo se extendía por toda la península, aunque en La Seca siempre la mayoría de su gente, se defendía escribiendo y leyendo, Así y todo las comunicaciones en carta aun no existían, y tan solo para poderse comunicar era a base de personas que se dedicaban a comprar por diferentes lugares, o incluso afiladores que recorrían España, desde Galicia. y que a veces sirvieron de carteros. G X Cantalapiedra.