LA SECA (Valladolid)


bodega central tinos
ESTAN CORRIENDO LOS VIRUS
Dicen que vienen corriendo
sin respetar las fronteras,
y no sirve estar fingiendo
ni querer poner barreras.

Desde la China volando
atravesaron fronteras,
el miedo viene flotando
y puede formar quimeras.

Hay sombras de viejos virus
que dejaron sus recuerdos,
muchas veces son delirios
sin ver los momentos cuerdos.

El miedo va reluciendo
entre sombras peligrosas,
alguien lo puede ir sintiendo
en sus horas temblorosas.

Virus que mata gigantes
entre luces tenebrosas,
existen ciertos instantes
con sus sombras peligrosas.

Virus que marcan senderos
sin ver crecer a las rosas,
sus signos son pendencieros
que borran frases gozosas.

Virus que llegan volando
por los caminos del mundo,
que se les teme flotando
al ver el esfuerzo absurdo.

Virus que busca revancha
para aniquilar personas,
y con el tiempo se ensancha
en muchas sufridas zonas.

El viento viene silbando
sin imponer condiciones,
dicen que llega avisando
al ver malas soluciones.
G X Cantalapiedra.
Y cuando llegue el día del ultimo viaje y este al partir la nave que nunca a de tornar, me encontrareis a bordo ligero de equipaje, casi desnudo como los hijos de la Mar. Machado en sus soledades nos enseño como era "Castilla" y sus campos, donde los dominadores nunca quisieron ver a los obreros de esa tierra seca y polvorienta, " Castilla miserable, ayer dominadora, envuelta en sus andrajos, desprecia cuanto ignora. Don Antonio Machado Ruiz. nació en Sevilla y falleció, en el Exilio en Francia, Colliure, a 26 kilómetros de la frontera de España, tal día como hoy, 22 - 2 - 1939.
LA SECA TIENE CIUDADANOS DEL MUNDO
Me comentaron un día,
pienso que fue en un entierro,
que mi Villa sin porfía
tuvo lamento y destierro.

Un ciudadano del mundo
con la razón y su aliento,
me habló del sufrir absurdo
cuando se le llama cuento.

No me acuerdo de su nombre
solo guardo su recuerdo,
era la razón de un hombre
que le notaba muy cuerdo.

Ser ciudadano del mundo
sin querer tener un pueblo,
no fue ningún vagabundo,
al escuchar casi tiemblo,

Gente nacida en mi Villa
que se marcharon sufriendo,
sin buscar la maravilla
supieron seguir viviendo.

No dicen de donde vienen
ni presumen de raíces,
y tampoco les conviene
predicar sus cicatrices.

Teniendo conciencia plena
de su pasar por la vida,
su memoria nunca es buena
si recuerdan su partida.

Sin temor a las fronteras
ni a los distintos idiomas,
quieren borrar las quimeras
sin entender de sus comas.

Ciudadanos de conciencia
que caminan al olvido,
dicen abrazar la ciencia
sin ver su rumbo perdido.
G X Cantalapiedra.
Y EL EMIGRANTE QUISO RECORRER SU VILLA
Aquel hombre con sus 65, años, en aquella visita del año 2002. quiso volver a su tierra, y poder recorrer su villa, en La Profunda Castilla. Cuando su familia emigro al extranjero, él tenía tan solo 8, años, y aunque su memoria era fabulosa, había ciertos detalles que los tenía olvidados. Con un flamante automóvil, llegó a la Plaza de España, donde aparcó sin demasiados problemas. Venía acompañado de su esposa, española como el, y sin preguntar a nadie, ya que ninguna persona le reconocía, empezó a moverse por su itinerario, subiendo por la Calle Real, luego recorrió la calle del Pozo Bueno, con idea de ver como se encontraba aquel hospital lasecano, y al ver un grupo escolar en su sitio, pensó aquí fue donde me pusieron la primera inyección de mi vida, y donde pase algún mal rato, continuando su caminar hacia la Plaza, llegó a pasar por lo que fue la Casa del Pueblo, convertida en cine después de la guerra incivil, y saliendo por La Saleta, caminó por la Calle del Pino, primera calle de aquella Villa Castellana, que en esas fechas cumplía 500, años de su fundación, pero que nada ni nadie quiso recordar, tan solo en escritos informales, se podía leer algunos hechos de aquella época. Que ningún alcalde llego a recordar con algún acto, que diera lugar a dejar marcados sus inicios de villa, que fueron comprados en el año de 1629. Siendo un ilustre de esa Villa, quien pusiera, 2,900,000, maravedíes, para el título de Villazgo. Don Alonso Cantalapiedra. ya que dicho título llegó a costar en aquel año, casi siete millones de maravedíes. Y que fue anterior al conseguido por el pueblo vecino de Rueda, el año 1636. Siguiendo el camino por el centro de la Villa de La Seca, paseo por debajo de sus soportales, recordando la Farmacia de los Cantalapiedra, cuando él era niño, quiso recordar la Quesería, y los bodegones de la Calle de San Roque, subiendo hasta su ermita, lugar que tenía metido en su memoria, y desde el alto, intento entender todo aquel valle que a veces fue de lágrimas, comentando a su esposa, esta Villa me recuerda la canción de Serrat, “Pueblo Blanco”. Siempre la lleve conmigo, aunque fuera un niño cuando emigramos, mi familia me hablaba de esta tierra, que en aquellos duros años, de emigración y pobreza, nos dejó sus huellas profundas. Sin dejar de hacer comentarios, continuo por el alto del campo aquel, hasta La Granja, lugar donde siendo niño había subido hasta su cruz algún día, y desde allí viendo en pleno el cementerio, lugar donde sus abuelos descansaban eternamente. Y sin perder demasiado tiempo, bajo por donde él llamaba el Huerto del Tío Porrona. Y donde desde su infancia, pudo comprobar, como funcionaba la noria, con un burro tapado los ojos, que le impresiono siendo niño. Su memoria era un archivo viviente, incluso se acordaba del Tío Aguador, que tenía un majuelo muy bien cuidado en La Guija. y bajando Al Rancho, pregunto por las dos Fraguas de Los Ajos, una convertida en cafetería restaurante, y caminando hasta la Plaza por la Calle del Cristo, aun se acordaba de los muertos, que les llevaban al Cementerio, por ese lugar, y donde cuando existían tormentas en el verano, el agua inundaba las casas. Al volver a la Plaza, subiendo en su coche, se dirigió a la Bodega Cooperativa, donde compraría varias bebidas de la tierra. Luego más tarde, se quedaría a comer en su Villa, sin nadie llegarle a reconocer, ni siquiera a preguntarle quien era, y al llegar la noche, sin esperar más se dirigió, hasta el Parador de Tordesillas, un fabuloso paisaje de pinares, cerca del río Duero. para el día siguiente continuar su camino, en dirección a Valladolid, y así cumplir su compromiso con su propia memoria. Y poder explicar a su esposa, donde estaban las raíces de sus antepasados que le dieron la vida, sin olvidarse nunca de ellos. G X Cantalapiedra.
LOS CAMINOS TENEBROSOS
Hay caminos y cañadas
donde las sombras caminan,
y existen ciertas vaguadas
que las penas determinan.

Sombras de viejas historias
cargadas de fechas frías,
tiempos que no fueron glorias
ni tuvieron buenos días.

Los caminos tenebrosos
tienen sus huellas malditas,
por ser testigos borrosos
donde las almas te gritan.

Camino del Cementerio
por donde se ven los llantos,
donde algún triste misterio
puede causar sobresaltos.

Los caminos sin destino
solo saben de fracasos,
a veces cambian el signo
amargando muchos pasos.

Los caminos temerosos
tienen horas marginadas,
sin vivir sueños dichosos
dejan vidas arruinadas.

Hay caminos al olvido
que saben de madrugadas,
donde el corazón herido
teme ver rosas secadas.

Cuando surgen los caminos
entre nieblas desbocadas,
no quieres ver nuevos trinos
ni soñar ciertas pisadas.

Buscar caminos inquietos
que no conducen a nada,
es querer borrar los muertos
de alguna senda bloqueada.
G X Cantalapiedra.
CUATROCIENTAS MULAS Y DOSCIENTOS BURROS
Alguien me fue respondiendo
lo que La Seca mantuvo,
fueron años de ir perdiendo
al ver la Villa con yugo.

Acémilas esquiladas,
doscientos pares de mulas,
huebras que fueron llevadas
sin pensar si fueron chulas.

Doscientos burros de carga
con albardas y penumbras,
dicen que no fueron ganga
ni penas que se descubran.

Domingos por las mañanas
La Seca tuvo sus dudas,
los rebuznos de campanas
no fueron cosas absurdas.

Burros por todos corrales,
hasta los gallos se asustan,
decían que son normales
sonidos que no disgustan.

Las acémilas tranquilas
en las cuadras descansaban,
algunos burros perfilan
salidas que se buscaban.

Herraduras por las calles
que perdieron sus enclaves,
con ciertos rudos detalles
las cuadras están sin llaves.

Algún caballo corriendo
de los caciques de entonces,
que llegaban presumiendo
mientras que lanzaban coces.

Los burros del campesino
siempre lentos caminando,
era tan duro su signo
que nadie va recordando.
G X Cantalapiedra.
CON LAS HERRADURAS NUEVAS
En el año de 1902, aquel joven lasecano, se dispuso a ir a comprarse un traje en Valladolid, y sin tener demasiado en cuenta, aquel viaje, que entonces en caballerías, resultaba penoso y largo. Pero animado por sus amigos de la Villa, aquel sábado de principios de mayo, decidido y con su burro “Gallardo”, madrugando, para poder llegar a la ciudad lo más temprano posible. Saliendo de La Seca, sobre las tres de la madrugada, y llegando al pueblo de Serrada, como una hora o algo más de tiempo, sin encontrarse con nadie en el camino, tan solo su burro y el sobre la albarda sentado, y a la vez tapado con una manta zamorana, para evitar el relente de aquella fresca mañana. Continuando el camino, llego a Villanueva de Duero, donde dio de beber a su burro en una especia de pila grande o pilón. Para seguir camino hacia Puente Duero, donde ya la luz del día se dejaba notar, y se empezaban a divisar los pinares de dicha tierra, sin tener demasiados problemas. Cruzando el Puente del Duero, de dicha localidad, llevaba el burro con una cadena para sujetarle, y que no se asustara en tan bonito lugar, cosa que “Gallardo” parecía tener aquellos terrenos como si fueran por el asno recordados. El camino hasta Valladolid, era todavía largo, más de 10, kilómetros le separaban, y el burro, parecía estar algo cansado, pero a base de animarle al animal, continuo su camino, hasta la ciudad del Pisuerga, donde encontró una posada, con su cuadra y bebedero, y así sin estar la mañana agotada, se dirigió, hasta la casa del sastre, que parecía ser algo familia del joven lasecano. Allí tomándole las medidas de su cuerpo, y eligiendo el color de dicha tela, concluyeron su trato económico, y la forma de mandarle dicho traje a su Villa. El joven una vez hecho su encargo, decidió darse una pequeña vuelta por el Centro de la Capital, recorriendo la Plaza Mayor, y su calle de Santiago, y comiendo en una Bodeguilla Cigaleña. Donde conoció a gentes de poblaciones de la provincia de Valladolid. Sobre las cinco de la tarde, llegó a la posada del Paseo de Zorrilla, iniciando el camino del retorno, que se volvió más pesado que el de ir hacia Valladolid. En aquellos tiempos, las marimantas andaban por las noches, y la poca luz que existía en los pueblos, eran lugares donde algún listo, se aprovechaba de los miedosos. El joven aquel que no sentía demasiado miedo, entre Villanueva y Serrada, dos marimantas le salieron al camino, quizá con idea de robarle, pero aquel joven prevenido, llevaba en sus alforjas un hacha, de tamaño bastante grande, y sin pensarlo dos veces, tirándose desde el burro al suelo, con su hacha de la mano, les hizo frente, y los marimantas con sus sabanas envueltas al cuerpo, retrocedieron al ver que el joven tenía idea de aniquilarlos a los dos. No les quedo más solución a los marimantas, que volver de nuevo a sus pinares, y esperar otro viajero más descuidado y cobarde. El joven con su burro “Gallardo”, llegó a La Seca sobre las dos de la madrugada. Sus padres y hermanos más pequeños, le esperaban con ansiedad, los 32, kilómetros de ida y los mismos de vuelta, fueron una lección de valentía, en aquellos años donde la seguridad por las noches a campo abierto, se resolvía con hachas, pinchos, hoces y algún revolver, que muchas personas las tenían miedo. Ya que en aquellos años la emigración, en la zona de Castilla la Vieja, era la única salida a un futuro algo mejor. Aquellos viajes en carros, burros, caballerías, eran el pan de cada día, y en los lugares donde el tren no había llegado, fueron los burros, los que hicieron esos caminos incluso por las noches. G X Cantalapiedra.
AQUEL BURRO CASTELLANO
El recuerdo sigue vivo
de nuestra querida infancia,
en ella viendo el motivo
con sentimiento y constancia.

Aquel burro castellano
con rebuznos de arrogancia,
que alegraban al humano
sin darle nunca ignorancia.

Un burro por los caminos
que supo de las distancias,
donde se escuchaban trinos
sin jamás hablar de gracias.

Burro lleno de leyendas
con sus albardas de carga,
que andando por muchas sendas
nunca el camino le alarga.

Madrugadas campesinas
en las más duras jornadas,
que subiendo a las colinas
tuvo señas bien guardadas.

Sobre sus costillas duras
cargas le fueron echadas,
teniendo rutas oscuras
supo que son alboradas.

Rebuznando en la mañana
hizo su cuadra marcada,
su rebuzno de campana
llegó siendo hasta imitada.

Llevó niños a la escuela
con facciones educadas,
el tiempo siempre consuela
sin son etapas ganadas.

Aquel burro castellano
con su melena cuidada,
él siempre me dio su mano
cuando yo le acariciaba.
G X Cantalapiedra.
CUANDO SUEÑAS CON LA SECA
Se sienten bien las campanas
cuando en sueños las escuchas,
son tan serias sus mañanas
que a veces piensas que luchas.

Soñar con tiempos pasados
entre trigales y viñas,
viendo versos recordados
y algunas penosas riñas.

Cuando sueñas que navegas
por encima de los campos,
pasas de largo sus vegas
sin querer saber de llantos.

Los sueños vienen brillando
entre rojas amapolas,
la mente viene pensando
en campos que trazan olas.

Nadie quiere ver sus sueños
que les vayan marchitando,
se ven momentos risueños
con amores de ir volando.

Los sueños te van dejando
sabores que están perdidos,
con letuarios marcando
los arropes ya afligidos.

No quiero perder mis sueños
con sus viejas fantasías,
al ver caprichos pequeños
que dieron siempre alegrías.

Soñar sobre las veredas
de sus buenas armonías,
sin ver ambientes que enredan
en los más penosos días.

Ver San Roque en las alturas
sin poner jamás barreras,
y quemar tanta amargura
del que sueña con trincheras.
G X Cantalapiedra.
NO QUIERAS LLORAR SIN PENAS
Cuando te vayan gritando
intentando poner penas,
diles que vives gozando
al ver romper las cadenas.

No presientas los dolores
de otras jornadas más negras,
a veces son los rencores
que tienen algunas fieras.

No quieras llorar las penas
que la vida te fue dando,
ni pises en las arenas
donde sufrirás andando.

Que no te amarguen los días
en tus horas más felices,
existen las noches frías
con signos de cicatrices.

Vive la vida sencilla
con amores y dulzuras,
y no pienses en tu villa
que puede darte amarguras.

Los caminos de la vida
tienen sus llantos distantes,
si ser tu ruta elegida
en ella van caminantes.

No debes llorar tristezas
ni ser un pobre pedante,
mucho menos ver torpezas
si la muerte está delante.

Los llantos siguen ocultos
dentro de los cementerios,
para comprender disgustos
en sus momentos más serios.

No llores buscando amores
ni pregones tus andadas,
la vida te da dolores
en las horas marginadas.
G X Cantalapiedra.
YO NUNCA SUPE DE FLORES
En mi mundo campesino
nunca me hablaron de flores,
sabiendo que en mi destino
eran otros los colores.

Las flores en mi camino
apenas las contemplaba,
luego vi cambiar mi signo
y a las flores respetaba,

En esta fecha de invierno
que son las flores bandera,
hablan del amor eterno
sin llegar la primavera.

Horas dichosas de amores
que recorren carreteras,
donde surgen desamores
y se trazan las barreras.

Sin comedias ni refranes
el catorce de febrero,
pueden existir razones
para lograr un te quiero.

El amor da comprensiones
que la vida te va dando,
y crecen las ilusiones
si de verdad vas amando.

No busques las tentaciones
de un amor que va de largo,
te dará complicaciones
haciendo tu verso amargo.

No dejes pasar tu vida
sin entender de pasiones,
ni quieres hacerte herida
por sufrir cavilaciones.

Amar sin fecha divina
pudieran ser tus blasones,
no subas a la colina
para saber de emociones,
G X Cantalapiedra.
14 – 2 – 2020.
NOTABA QUE LA MUERTE LE ACECHABA
Fueron años de penumbras
con la muerte galopando,
las mafias que las alumbran
saben que siguen matando.

Aquel joven perseguido
por las mafias traicioneras,
se siente medio perdido
entre luchas callejeras.

Abandonando su barrio
y cambiando de trinchera,
él se siente solitario
mientras busca su barrera.

Debe de pagar la droga
que le llevo al sufrimiento,
y ve de cerca la soga
donde se acaba su aliento.

Entre amenazas de muerte
elige salir corriendo,
y nota cambiar su suerte
en aquel pueblo fingiendo.

Pasa negras abstinencias
en sus noches solitarias,
y ve tristes consecuencias
entre frases lapidarias.

La muerte le fue cercando
en sus tardes conflictivas,
y el pueblo le fue salvando
sin hacer frases altivas.

La ciudad le fue marcando
entre zombis sin cordura,
la droga sigue dejando
gente joven con locura.

La tranquilidad del pueblo
le fue marcando sus pasos,
el joven pensó yo tiemblo
al pensar en mis fracasos.
G X Cantalapiedra.
CUANDO EL OLVIDO LE ABRAZAS
Se pueden pasar los años
sin terminar de olvidarnos,
de ciertos penosos daños
que suelen acompañarnos.

Vas caminando en la vida
sin imponer condiciones,
queriendo borrar la herida
de penosas negaciones.

Cuando el olvido le abrazas
entre tristes vibraciones,
algunas penas se enlazan
para buscar soluciones.

Olvidarse del pasado
sin recordar tu camino,
para verte liberado
de algún horroroso signo.

Cuando el olvido lo sientes
y te abrazas como un niño,
muchas dudas que presientes
quizá se vuelvan cariño.

El olvido va volando
y se cruza en tu camino,
a veces quieres gritando
no verle nunca divino.

Sin amarras ni veredas
por donde marcha el olvido,
hay mentes que así se enredan
en algún puerto escondido.

El olvido sigue atado
en misteriosos caminos,
alguien le ve condenado
a sufridos peregrinos.

Olvidarse del pasado
sin despreciar tu destino,
es sentirte ilusionado
sin buscar a un adivino.
G X Cantalapiedra.
EN ESTAS FECHAS DE QUINTOS
En estas fechas de quintos
cuando los hielos marcaban,
vivimos momentos listos
si las hogueras marchaban.

Con la música sonando
y su jota recalcada,
fuimos los quintos bailando
con la fiesta bien llevada.

Comidas sin grandes lujos,
pero con carnes guisadas,
sin temer a los influjos
fuimos quintas celebradas.

Un gorro pegando ruidos
durante aquellas jornadas,
sin vernos nunca vencidos
vivimos las madrugadas.

Aguardientes de La Seca
al recibir la alborada,
un carro ardiendo sin tecla
con manojos se quemaba.

El aguacil lasecano
con su bastón amenaza,
nos dice que no es humano
montar la hoguera en La Plaza.

El carro lanzando llama,
entre gritos y bullanga,
los quintos ponen el alma
mientras la hoguera se alarga.

Quintos del sesenta y seis,
no fue quinta desgraciada,
cuanto daría por volver
aquella villa encantada.

Mitad del mes de febrero,
con dulzaineros del alma,
aquel tiempo pasajero
presiento vibrar su llama.
G X Cantalapiedra.
SIN MIRADAS AL PASADO
La Seca va caminando
con la mirada al futuro,
las viñas vienen dejando
cierto semblante no oscuro.

Hay caminos endiablados
que dejan ciertos perjuros,
al comprender que borrados
les sentimos menos duros.

Sin miradas al pasado
por donde se ven los burros,
hubo un tiempo manejado
con sus momentos absurdos.

Acémilas bien herradas,
carros que tuvieron yugos,
muchas sendas recordadas
por sus caciques besugos.

No sirve romper complejos,
ni vivir vidas bloqueadas,
cuando el amor está lejos
las sendas no están marcadas.

Con la vista distinguiendo,
cada cual por su camino,
no vale seguir sufriendo
el amargo desatino.

Sin comentarios malvados,
ni firmando un compromiso,
los años son escrutados
sin conocer un aviso.

Deja que pase la vida
viendo duelos con sus llantos,
que nadie busque la herida
de sufrir los desencantos.

La Seca vive exclamando
muchas penas entendidas,
el aire puede ir dejando
algunas penas erguidas.
G X Cantalapiedra.