Nadie puede descubrirnos más de lo que descansa dormido a medias en el
amanecer de nuestro conocimiento.
El pedagogo que camina a la
sombra del templo en medio de sus discípulos, no les ofrece su sa-biduría, sino más bien, su fe y su afecto. Si él es sabio de verdad, no os pedirá que entréis en la
casa de su sabiduría, sino que os guiará hasta el umbral de vuestro propio espíritu.
El astrónomo puede hablaros de su comprensión del espacio, pero no puede daros el oído que de-tiene el ritmo
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